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1 de Mayo de 2015
Biología vegetal

Agallas vegetales

Estas excrecencias anómalas de las plantas ofrecen alimento y protección a las larvas de insectos.

Las agallas presentan una enorme variedad morfológica y estructural. En la imágen se observan las formadas por el cinípido Cynips quercusfolii en el roble. [CORTESÍA DE JOSÉ LUIS NIEVES ALDREY]

Las agallas vegetales, o cecidias, representan una de las interacciones más complejas entre plantas y animales que existen en la naturaleza. Entre ambos organismos se establece una relación de carácter obligado, en la que la planta se ve forzada a responder al estímulo producido por el inductor de la agalla, normalmente un insecto. Se originan así estructuras morfológicas vegetales anómalas, las cuales sirven de alimento, cobijo y protección para el desarrollo larvario del insecto. Aunque están formadas por tejidos de la planta, su desarrollo y morfología están controlados en gran parte por los genes del animal, hasta el punto de que la agalla puede considerarse un auténtico «fenotipo ampliado» del insecto.

La capacidad de inducir agallas ha evolucionado varias veces de forma independiente en distintos órdenes de insectos. Como resultado, algunos linajes de insectos gallícolas se han diversificado enormemente. Cabe destacar las avispas de las agallas, o cinípidos, del orden de los himenópteros, y la familia Cecidomyiidae, del orden de los dípteros.

La extraordinaria variedad de formas, tamaños y estructuras de las cecidias responde a la gran diversidad de insectos que las producen (se estiman unas 15.000 especies en todo el mundo) y a la pluralidad de especies botánicas afectadas. Entre las agallas más diferenciadas y complejas se hallan las de los cinípidos. En su gran mayoría se producen en fagáceas del género Quercus, es decir, en robles, quejigos, encinas y alcornoques. No resulta infrecuente que un solo ejemplar de roble albergue a la vez más de veinte especies de cinípidos.

Las agallas presentan a menudo estructuras protectoras externas, entre ellas cubiertas formadas por tejidos ricos en taninos, superficies pegajosas o envolturas erizadas de pelos o espinas. Se cree que estas han sido moldeadas por la evolución en respuesta al ataque de enemigos naturales, principalmente avispas parasitoides que efectúan la puesta sobre las larvas de los insectos que han inducido las agallas.

Nuestro grupo trabaja en distintas facetas de la taxonomía y ecología de las cecidias de zonas templadas y tropicales desde hace más de treinta años. Nos interesan la biología de los insectos gallícolas y el funcionamiento de sus microhábitats, en particular, las redes tróficas intrincadas de inquilinos, parasitoides y sucesores que forman estas comunidades cerradas de especies.

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