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1 de Mayo de 2015
Gestión forestal

Evolución del régimen de incendios forestales en España

La influencia de las variaciones climáticas, las actividades socioeconómicas y la gestión de los incendios.

THINKSTOCK/GILITUKHA

Los incendios constituyen un fenómeno natural y han ocurrido en la Tierra desde hace millones de años, poco después de la aparición de las plantas terrestres en el Silúrico. Para que se produzcan, se necesitan tres elementos: una fuente de calor, combustible y oxígeno. El comportamiento de un incendio depende de las características meteorológicas, del tipo de combustible y de la topografía, y sus efectos ecológicos varían de una comunidad vegetal a otra. Algunos ecosistemas son dependientes de los incendios (mediterráneos o sabana), otros son sensibles (tropicales sin estación seca) y otros son independientes (desiertos o tundra). El ecosistema mediterráneo no puede entenderse, pues, sin la consideración del fuego, ya que muchas de sus plantas exhiben una enorme resistencia ante él o incluso se ven favorecidas por la perturbación. Algunas, como el pino carrasco y la aliaga morisca, producen enormes cantidades de semillas cuya propagación o germinación es estimulada por el calor.

A principios de los años sesenta del siglo XX, los gestores de incendios y los ecólogos del fuego crearon el término «régimen de incendios» para referirse a las características promedio de los eventos. El concepto incluye distintas variables que explican la presencia y el impacto del fuego en un determinado ecosistema. De este modo, al definir el régimen de incendios de cierta zona se contemplan parámetros como la frecuencia e intensidad de los siniestros, su estacionalidad o la superficie afectada. El estudio del régimen de incendios resulta importante para su gestión y prevención, así como para determinar sus repercusiones en los ecosistemas forestales, un conocimiento especialmente relevante en la situación actual de cambio global.

Algunas plantas presentan rasgos que les permiten resistir a los incendios y están adaptadas a un determinado régimen de fuegos, como el alcornoque, que sobrevive a los incendios de superficie (los que no alcanzan las copas de los árboles) gracias a su gruesa corteza. Sin embargo, los cambios en el régimen pueden alterar la estructura y composición de la vegetación, que a su vez podrían repercutir en diferentes características de los ecosistemas, como la biodiversidad. Asimismo, la modificación en el régimen de incendios puede influir en el clima a través de la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera.

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