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Naturaleza y finalidad

¿Hay espacio para la explicación teleológica en la ciencia actual?

En Los paisajes epigenéticos de Conrad Hal Waddington, el movimiento de unas canicas por un relieve accidentado ofrece una metáfora del desarrollo embrionario; las canicas siguen el cauce de los canales y terminan en los puntos de menor elevación local, lo mismo que las células evolucionan según varios factores ontogéneticos y se acaban diferenciando en un tipo concreto. La ilustración corresponde a un fotograma de la animación Epigenescape 1, una reinterpretación moderna de los paisajes de Waddington según Mhairi Towler, Link Li y Paul Liam Harrison, artista residente en el consorcio europeo de investigación EpiGeneSys. [CORTESÍA DE PAUL LIAM HARRISON]

Con la publicación de su Mind and cosmos (Oxford University Press, 2012), el filósofo de la Universidad de Nueva York Thomas Nagel puso en discusión la pertinencia de un naturalismo materialista que, desde la biología evolutiva, pretende hacer de la selección natural la única y universal clave explicativa. Esta posición representa para Nagel una lectura incompleta del fenómeno biológico, si atendemos a la aparición de mentes conscientes en el universo, con conocimiento intelectual y criterios valorativos, así como al hecho de que dicha aparición no ha sido aún satisfactoriamente explicada.

En su polémico texto, Nagel apuesta por una reconfiguración de las bases metodológicas de la ciencia. Propone incluir la consideración de leyes naturales teleológicas (asociadas a fines o propósitos), que gobernarían el desarrollo de la organización a lo largo del tiempo y que complementarían la explicación científica más común, que suele ofrecerse en términos de causalidad eficiente y que es propia de las leyes cuantitativas de la física.

La polémica suscitada por la propuesta de Nagel ha tenido eco incluso en grandes medios de comunicación, como The New York Times. No es extraño, dado que era un tópico asumido que, desde la matematización del mundo físico emprendida por Galileo, fue desterrada de las ciencias naturales toda referencia a causas no mensurables, como por ejemplo la formal y la final.

Sin embargo, en las últimas décadas, los crecientes debates en torno a temas como el principio antrópico, la teleonomía o el «ajuste fino» del universo, sugerirían una eventual restitución del concepto de finalidad en las ciencias naturales o, al menos, la apertura de un lugar para la discusión sobre su utilidad explicativa dentro del conocimiento del cosmos, la vida y la mente.

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