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  • Mayo 2015Nº 464
Filosofía de la ciencia

Filosofía

Naturaleza y finalidad

¿Hay espacio para la explicación teleológica en la ciencia actual?

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Con la publicación de su Mind and cosmos (Oxford University Press, 2012), el filósofo de la Universidad de Nueva York Thomas Nagel puso en discusión la pertinencia de un naturalismo materialista que, desde la biología evolutiva, pretende hacer de la selección natural la única y universal clave explicativa. Esta posición representa para Nagel una lectura incompleta del fenómeno biológico, si atendemos a la aparición de mentes conscientes en el universo, con conocimiento intelectual y criterios valorativos, así como al hecho de que dicha aparición no ha sido aún satisfactoriamente explicada.

En su polémico texto, Nagel apuesta por una reconfiguración de las bases metodológicas de la ciencia. Propone incluir la consideración de leyes naturales teleológicas (asociadas a fines o propósitos), que gobernarían el desarrollo de la organización a lo largo del tiempo y que complementarían la explicación científica más común, que suele ofrecerse en términos de causalidad eficiente y que es propia de las leyes cuantitativas de la física.

La polémica suscitada por la propuesta de Nagel ha tenido eco incluso en grandes medios de comunicación, como The New York Times. No es extraño, dado que era un tópico asumido que, desde la matematización del mundo físico emprendida por Galileo, fue desterrada de las ciencias naturales toda referencia a causas no mensurables, como por ejemplo la formal y la final.

Sin embargo, en las últimas décadas, los crecientes debates en torno a temas como el principio antrópico, la teleonomía o el «ajuste fino» del universo, sugerirían una eventual restitución del concepto de finalidad en las ciencias naturales o, al menos, la apertura de un lugar para la discusión sobre su utilidad explicativa dentro del conocimiento del cosmos, la vida y la mente.

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