El efecto fotorrefractivo

Un haz de láser que atraviese un cristal produce de pronto una cascada luminosa. Este efecto fotorrefractivo puede servir para el desarrollo de ordenadores ópticos.

Cuando Arthur Ashkin y sus colaboradores de los laboratorios Bell descubrieron el efecto fotorrefractivo hace unos 25 años, consideraron que este fenómeno, mera curiosidad científica, constituía en cambio una molestia para su trabajo. Las cosas han dado un vuelco. Los materiales fotorrefractivos están entrando en una nueva generación de ordenadores que operan con luz, en vez de electricidad. Ashkin estaba experimentando con un cristal de niobiato de litio (LiNb03) con la esperanza de que transformara un color de una intensa luz de láser en otro (un proceso conocido técnicamente con el nombre de generación de segundo armónico). En el transcurso de sus ensayos, hizo que un haz de láser atravesara el cristal. Al principio, el cristal se comportó admirablemente bien, permitiendo que la luz pasara a su través sin sufrir perturbación alguna. Sin embargo, al cabo de algunos minutos el cristal empezó a distorsionar el haz, difundiendo la luz por todo el laboratorio. La luz del láser había modificado las propiedades del cristal mismo. El cristal seguía presentando efecto fotorrefractivo durante días. Pero si los investigadores bañaban el cristal en un haz luminoso uniforme, transmitía de nuevo un haz no distorsionado.

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