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1 de Marzo de 2001
Cosmología

Ecos de la Gran Explosión

Estamos muy cerca de vislumbrar los comienzos del universo. ¿Dónde? En la débil marejadilla de las ondas gravitatorias.

Los cosmólogos siguen planteándose las mismas preguntas que los primeros que levantaron la vista a las estrellas y escrutaron el firmamento. ¿De dónde vino el universo? ¿Qué hubo antes, si es que hubo algo? ¿Cómo llegó el universo a su estado presente? ¿Qué futuro le aguarda? Mucho tiempo llevan los teóricos construyendo conjeturas acerca del origen del cosmos, pero sólo en los últimos años han dado con una forma de sondear los instantes iniciales, que les ha de permitir someter a contrastación sus hipótesis. Se han percatado de que pueden observar cómo era el universo en las primerísimas fracciones de segundo tras la gran explosión. ¿Dónde? En las trazas dejadas por las ondas gravitatorias en la radiación enfriada, el fondo cósmico de microondas (FCM), que impregna el cosmos desde hace casi 15.000 millones de años.

La radiación del FCM se emitió unos 500.000 años después de la gran explosión inicial, cuando los electrones y protones del plasma primordial —la sopa densa y caliente de partículas subatómicas que llenaba el universo primitivo— se combinaron y formaron átomos de hidrógeno. Esa radiación proporciona, pues, una instantánea del universo de entonces. Gracias a ello se ha convertido en la piedra Rosetta de la cosmología. Tras el descubrimiento de la radiación del fondo cósmico de microondas en 1965, se vio que su temperatura -una medida de la intensidad de la radiación del cuerpo negro- estaba muy cerca de 2,7 kelvin, fuera cual fuera la dirección en que se mirase en el cielo. En otras palabras, el FCM parecía ser isótropo y, por tanto, notable la uniformidad del universo. Pero, a principios de los años noventa, el satélite Explorador del fondo de microondas (COBE) detectó variaciones minúsculas —sólo una parte en 10.000— de la temperatura de la radiación. Esas variaciones evidenciaban que en el plasma primordial hubo pequeños grumos, inhomogeneidades de la distribución de masa que evolucionaron después hasta convertirse en las macroestructuras del cosmos: las galaxias y los cúmulos de galaxias que existen hoy.

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