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1 de Marzo de 2001
Cosmología

El universo y su quintaesencia

El universo aparece gobernado por un campo de energía invisible, agente de su expansión acelerada.

¿No hay nada más que decir? ¿Entendemos el cosmos, salvo detalles nimios? Tal parecía, escasos años atrás. Después de un siglo de acalorados debates, la ciencia había llegado a un cuerpo de doctrina comúnmente admitido sobre las líneas esenciales de la historia del universo. Todo comenzaría con gas y radiación sometidos a temperaturas y densidades altísimas. Se irían expandiendo y enfriando a lo largo de 15.000 millones de años. Las galaxias y otras estructuras complejas se desarrollarían a partir de unas semillas microscópicas —las fluctuaciones cuánticas—, estirándose hasta un tamaño cósmico en un período breve de "inflación". Sólo una pequeña fracción de la materia estaría formada por los elementos químicos de nuestra experiencia diaria. En su proporción mayor se hallaría constituida por materia oscura, partículas elementales exóticas que no interactúan con la luz. Pese a los misterios por resolver, tal sería, a grandes trazos, el cuadro.

O eso era lo que pensábamos. Pero resulta que nos habíamos perdido la mayor parte de la historia. En los últimos cinco años las observaciones han convencido a los cosmólogos de que los elementos químicos y la materia oscura, en conjunto, constituyen menos de la mitad del contenido del universo. El grueso se lo lleva una "energía oscura" omnipresente, dotada de una curiosa propiedad: su gravedad no ejerce una fuerza de atracción. Repele. Por la gravedad, elementos químicos y materia oscura se ven forzados a crear estrellas y galaxias; por su gravedad repulsiva la energía oscura forma una neblina casi homogénea que baña el espacio.

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