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1 de Febrero de 2017
Historia de la ciencia

Conocimiento científico e inteligencia corporal

Controversias sobre el valor epistemológico de la experimentación y del conocimiento que se adquiere a través de los sentidos.

El laboratorio de física de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, hacia 1880. En los nuevos laboratorios universitarios de la segunda mitad del siglo XIX, el científico en ciernes aprendía a conjugar el conocimiento mental y el sensorial. [Con permiso de la Biblioteca Milton S. Eisenhower (colecciones y archivos especiales)]

En el proceso de globalización, la tecnociencia y los saberes tradicionales con frecuencia han entrado en conflicto. Sin embargo, no nos hallamos ante un fenómeno nuevo, ni ante un problema que enfrente simplemente a la sociedad occidental con el resto del mundo. Por el contrario, se trata de una disputa que ha acompañado el desarrollo de la ciencia en Europa desde la Edad Moderna. En el marco de esta controversia general, nos centraremos aquí en el debate que ha suscitado a lo largo de la historia de la ciencia la dimensión epistemológica del trabajo manual (uno de los principales ingredientes del saber tradicional) y repasaremos cómo se desarrolló la incorporación del mismo a la ciencia experimental.

Los términos episteme, scientia, o Wissenschaft, que en la Antigüedad y la Edad Moderna denotaban conocimiento y habilidad, adquirieron con el tiempo un significado más especializado, ceñido a un tipo de conocimiento privilegiado, más cierto y autorizado que el ordinario. Como ha señalado Lorraine Daston, del berlinés Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia, esta separación se reflejó socialmente en la distinción que se hacía entre los que trabajaban con la mente y los que lo hacían con las manos, y en la diferenciación cultural, desde el siglo XVIII, entre los países que contaban con la ciencia moderna (la mayoría en la Europa Occidental) y los que no (todos los demás).

El período comprendido entre 1789 y 1914 es particularmente importante para el estudio que nos ocupa. En él se producen las grandes transformaciones culturales que alumbran nuestra concepción de «ciencia», «modernidad» e «historia», bajo la impronta del ideal ilustrado de «conocimiento útil». Resulta instructivo, pues, volver sobre una de las subculturas de producción de conocimiento más importantes: la physica experimentalis. Es bien sabido que, tras surgir en la Europa del siglo XVII y ser objeto de controversia en el XVIII, se afianzó en el XIX como método de investigación de la naturaleza y modelo de la ciencia moderna. Para reinterpretar su desarrollo conviene vencer las sólidas distinciones que rigen el pensamiento analítico moderno. Propongo que, en lugar de distinguir entre trabajo intelectual y trabajo físico, consideremos la experimentación como una forma de conocimiento y como una actuación reflexiva que conjuga esfuerzo mental y manual. Este conocimiento corporal formaba parte de diversos saberes tradicionales que se transformaron profundamente con el surgimiento de la ciencia moderna.

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