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1 de Febrero de 2017
Vacunas

Diversas vacunas en el horizonte

Otra de las vacunas preventivas en desarrollo evita el anclaje de la proteína de la envoltura del VIH a las células que infecta.

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida, es un virus de ARN que tiene la particularidad de mutar con una enorme rapidez. En las personas contagiadas, infecta a unas células clave del sistema inmunitario, los linfocitos CD4+, a los que convierte en fábricas de millones de virus que mutan sin cesar y que van infectando sucesivamente a otros linfocitos CD4+. En última instancia, ello lleva a la destrucción de las defensas del paciente contra cualquier enfermedad. Sin embargo, en menos del 1 por ciento de los linfocitos CD4+, el VIH se queda en fase latente, como si estuviera dormido, sin replicarse. Estas células son aparentemente normales, por lo que no son reconocidas ni destruidas. Constituyen el reservorio del VIH, que se reactiva con regularidad a causa de diversos factores desencadenantes. De ahí que las personas infectadas nunca puedan interrumpir el tratamiento antirretrovírico. Si lo hacen, el VIH puede reactivarse e infectar y destruir todos los linfocitos CD4+.

En un principio, el sistema inmunitario sí que reacciona ante el VIH y consigue desarrollar anticuerpos, unas proteínas con forma de Y que constituyen la inmunidad humoral. También genera una respuesta celular (inmunidad celular) protagonizada por los linfocitos CD8+, que ejercen un efecto citotóxico (destructivo) sobre las células infectadas. Sin embargo, el organismo humano necesita de tres a cuatro semanas para desarrollar una respuesta humoral y celular potente y eficiente. La población vírica contra la que va dirigida esa respuesta puede entonces ser eliminada. Pero, debido a la gran tasa de mutación del VIH, en ese momento ya se han desarrollado otras poblaciones víricas contra las que la reacción inmunitaria no ejerce efecto alguno. Por consiguiente, deberá generarse otra respuesta contra la nueva variante del VIH, y así sucesivamente. El sistema inmunitario, a causa del tiempo que precisa para reaccionar contra el VIH, va siempre un paso por detrás del virus, que siempre consigue eludir su ataque. Ello ha convertido el sida en una de las peores epidemias actuales, que mata a más de un millón de personas al año en todo el mundo.

El desarrollo de una vacuna contra el VIH representa uno de los mayores retos científicos de la historia de la medicina. No solo por el enorme impacto del sida en el mundo, sino también por la complejidad técnica que supone diseñar una vacuna eficaz contra un virus altamente mutante. A pesar de esta dificultad, la comunidad científica continúa esforzándose por obtener una vacuna preventiva que evite las nuevas infecciones por VIH, así como para crear una vacuna terapéutica que permita controlar la enfermedad o impedir que se manifieste en las personas que ya se han infectado.

Las vacunas preventivas son la estrategia que ha permitido acabar con la mayoría de las epidemias causadas por virus, y todos esperamos que este sea el caso también para el sida. El desarrollo de una vacuna preventiva para el VIH pasa por la obtención de anticuerpos capaces de reconocer y bloquear los virus entrantes antes de que infecten a las células diana, los linfocitos T CD4+. El estudio de Sanders, Wilson y Moore se basa en la creación de una novedosa proteína sintética, un trímero, que reproduce de una manera muy completa la enorme complejidad de la proteína de la envoltura del VIH y que estimula de manera eficaz la generación de anticuerpos contra múltiples cepas del VIH. En los próximos años esperamos ver los resultados de los primeros ensayos en humanos. Si se reproduce el efecto logrado en animales, ello significará un paso de gigante en el camino hacia la obtención de una vacuna preventiva eficaz.

De forma similar, el equipo de Julià Blanco, en la Fundación Irsi- Caixa, lleva años desarrollando una vacuna preventiva mediante un enfoque diferente. Dada la complejidad de imitar la proteína de la envoltura del VIH en el laboratorio (un hito solo conseguido por el equipo de Moore), IrsiCaixa ha centrado sus esfuerzos en una pequeña estructura de la envoltura del VIH, conocida como región extracelular próxima a la membrana (MPER, por sus siglas en inglés). Dicha estructura ejerce una función clave en la envoltura del VIH, pues constituye la base del anclaje de la proteína a la membrana vírica. Tanto es así que, a pesar del elevado número de variantes del VIH que circulan en todo el mundo, todas ellas mantienen la estructura MPER prácticamente constante, lo que hace pensar que las mutaciones en MPER impedirían su correcto funcionamiento. Todo ello, sumado al hecho de que los anticuerpos desarrollados contra esta región tienen un amplio poder neutralizante, hace de MPER un candidato a vacuna muy atractivo. Este enfoque ha permitido diseñar una miniproteína (de un tamaño diez veces menor que la proteína de envoltura del VIH) fácil de manipular y modificar.

Artículo incluido en

El talón de Aquiles del VIH

    • Rogier W. Sanders
    • Ian A. Wilson
    • John P. Moore

Una proteína formada por tres componentes y que remeda una región clave del virus podría dar lugar a la tan esperada vacuna.

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