La evolución de los mitos

El análisis de cómo cambian los relatos míticos al transmitirse de generación en generación arroja luz sobre la historia de las migraciones humanas, incluso desde el Paleolítico.

JON FOSTER

En síntesis

Los especialistas llevan tiempo preguntándose la razón por la que los complejos relatos míticos que surgen en culturas muy alejadas en tiempo y espacio presentan tantas similitudes.

Nuevos métodos de investigación aprovechan herramientas conceptuales y estadísticas de la biología evolutiva para esclarecer la historia de los mitos.

Los árboles filogenéticos revelan que las «especies» de mitos evolucionan muy despacio y siguen un patrón paralelo al de la migración humana masiva que partió de África y se extendió por el resto del planeta.

Las investigaciones recientes se adentran en los orígenes prehistóricos de algunos mitos y en la migración de euroasiáticos a Norteamérica hace más de 15.000 años.

La versión griega de un conocido mito comienza mencionando a Artemisa, la diosa de la caza y férrea protectora de las jóvenes inocentes. Artemisa exige voto de castidad a Calisto, «la más bella», y a las demás ninfas que tiene a su servicio. Calisto pierde su virginidad engañada por Zeus y da a luz a un hijo de ambos, Arcas. Hera, la celosa esposa de Zeus, convierte a Calisto en una osa y la destierra a las montañas. Entretanto Arcas crece, se hace cazador y un buen día se encuentra con una osa que le saluda con los brazos abiertos. Sin reconocer a su madre, la apunta con su lanza, pero Zeus llega a tiempo para rescatarla. Transforma a Calisto en la constelación de la Osa Mayor y coloca a su lado a Arcas como la Osa Menor.

Tal y como lo cuentan los iroqueses del noreste de Estados Unidos, tres cazadores persiguen a una osa y la sangre del animal herido tiñe las hojas del bosque otoñal; en su huida, la osa asciende una montaña, salta hacia el cielo, y los cazadores y el animal se convierten en la constelación de la Osa Mayor. Para el pueblo siberiano chukchi, la constelación de Orión es un cazador que persigue a un reno, Casiopea. Y para las tribus ugrofinesas de Siberia, el animal perseguido es también un venado, un uapití, y toma la forma de la Osa Menor.

Si bien el animal y la constelación pueden variar, la estructura básica del relato se mantiene. Todas estas leyendas pertenecen a una familia de mitos, conocida como la Caza Cósmica, que se propagó a lo largo y ancho de África, Europa, Asia y América entre las gentes que vivieron hace más de 15.000 años. Cada versión de la Caza Cósmica comparte el mismo hilo argumental básico: un hombre o un animal persigue o mata a uno o más animales, y las criaturas se convierten en constelaciones.

Folcloristas, antropólogos, etnólogos y lingüistas llevan largo tiempo preguntándose cómo es posible que ciertos relatos míticos de culturas muy distantes en el tiempo y el espacio se parezcan tanto. En los últimos años, la mitología comparativa ha adoptado un enfoque científico prometedor: servirse de las mismas herramientas conceptuales que utilizan los biólogos para descifrar la evolución de las especies. Cuando se aplica a los mitos, el método, conocido como análisis filogenético, consiste en encontrar conexiones sucesivas de un relato mítico y construir un árbol genealógico que rastree su evolución.

Para esclarecer cómo y por qué evolucionan los mitos y las leyendas, mis estudios filogenéticos se valen del rigor adicional de las técnicas estadísticas y de simulación por ordenador que utiliza la biología. Además de la Caza Cósmica, he analizado otras grandes familias de mitos que comparten temas recurrentes y elementos de la trama. Los relatos de Pigmalión representan a un hombre que crea una escultura y se enamora de ella. En los mitos de Polifemo, un hombre queda atrapado en la cueva de un monstruo y se escabulle mezclándose con una manada de animales bajo el ojo atento del monstruo.

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