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  • Febrero 2017Nº 485
Apuntes

Ingeniería

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Plantas cultivadas en los polos

Un invernadero en el Antártico proporcionará frutas y hortalizas a los científicos polares.

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En el invierno sin fin de la Antártida, la imagen misma del sibaritismo decadente es una fresa jugosa. Los investigadores de la estación polar Neumayer III podrán quizá tener pronto la suerte de contar en su alimentación con ese manjar, como con otras frutas y verduras frescas: los ingenieros del Centro Aeroespacial Alemán están construyendo en estos momentos un invernadero para todo el año.

Bautizado con el nombre de Eden ISS, el sistema cerrado, un contenedor de transporte de 6 metros de largo, se dirigirá hacia el sur en octubre. El proyecto está ahora en su fase final; el mes que viene Paul Zabel, futuro encargado del invernadero, y sus colaboradores empezarán los ensayos en Bremen. Tienen pensado plantar en un simulado aislamiento entre 30 y 50 especies diferentes: tomates, pimientos, lechuga y fresas, y también hierbas como la albahaca y el perejil que añadan sabor a los alimentos envasados de que se compone la dieta habitual de un científico en la Antártida. «Nos centramos en las plantas que son comestibles en cuanto se las recolecta, que no necesitan ningún procesamiento posterior», comenta Zabel.

Cultivar verduras en las hostiles condiciones de la Antártida requiere medidas drásticas: en la plataforma de hielo Ekström las temperaturas pueden llegar a los treinta grados bajo cero y el sol desaparece durante meses enteros. Para superar semejantes inconvenientes, Zabel ha recurrido a un método de cultivo llamado aeroponía, que no necesita suelo (también los invernaderos de las estaciones estadounidenses y australianas usan este método). Las frutas y las hortalizas se colocan en estantes, con las raíces colgando en el aire, y reciben una rociada de neblina rica en nutrientes cada pocos minutos. Como enriquecimiento, se introduce dióxido de carbono adicional en el invernadero, que se mantiene a 24 grados de temperatura, y 42 lámparas de led alumbran en las longitudes de onda rojas y azules que favorecen a las plantas, con lo que el recinto toma un resplandor purpúreo.

Morder frutas o verduras maduras podría subir la moral de los diez miembros del equipo que invernarán durante la próxima temporada en Neumayer III. Pero la huerta es más que un regalo para los científicos polares, dice Zabel. En última instancia, el proyecto está concebido para ensayar técnicas eficientes de cultivo de alimentos vegetales en entornos aún más extremos, como la Estación Espacial Internacional o Marte.

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