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1 de Febrero de 2017
Reseña

Primer tratado naturalista del Nuevo Mundo

Nueva edición de la obra que puso la flora y la fauna de América al alcance de Europa.

SUMARIO DE LA HISTORIA NATURAL DE LAS INDIAS
Gonzalo Fernández de Oviedo
Edición de Alfredo Rodríguez López-Vázquez y Arturo Rodríguez López-Abadía
Cátedra, 2016

La prestigiosa colección Letras Hispánicas, que la editorial Cátedra publica desde hace décadas con los textos que considera esenciales en la historia de la literatura en castellano, ha decidido albergar en su número 777 un texto fundamental para la historia de la ciencia en lengua española: el Sumario de la historia natural de las Indias, del madrileño Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), publicado por vez primera en 1526. El hecho es para congratularse, sobre todo teniendo en cuenta el limitado interés mostrado por esta colección hacia los textos de contenido científico; sesgo que no sería justo atribuir en exclusiva a la editorial, ya que es simplemente el reflejo del escaso caudal que circula por los vasos comunicantes de las tradiciones académicas científica y humanística.

De ello deriva también, quizás, el encargo de la edición a dos profesores universitarios poco o nada avezados en la historia de la ciencia renacentista, contexto desde el cual se podría haber ofrecido una introducción más adecuada tanto al texto como a la apasionante e interesantísima personalidad de su autor. Las 75 páginas de la introducción a esta edición son, desde este punto de vista, prescindibles. No solo por inapropiadas, sino también por trasnochadas, ancladas en la historiografía tradicional (cuyo monumento culminante data de 1959) e ignorantes de los trabajos más recientes e informados sobre el autor, la obra y la importancia de la misma para la historia natural renacentista y para la historia de la ciencia hispana.

De todos modos, este problema no debería importar demasiado: la edición textual es —como siempre en esta colección— excelente y, dada la capacidad del Sumario para seducir a sus lectores, no es necesario pasar primero por el filtro de una introducción académica. Luego, si hay interés en ir más allá, siempre se puede recurrir a la introducción o a los trabajos más actualizados de Jesús Carrillo Castillo, Alexandre Coello de la Rosa, Kathleen Ann Myers o Antonio Barrera Osorio, por citar a algunos de los estudiosos más destacados de los últimos años.

En efecto, la prosa de Fernández de Oviedo es capaz de hacer disfrutar a cualquier lector, y la originalidad y frescura del Sumario lo atraparán sin duda alguna, porque la materia tratada en la obra es el motivo esencial de esa originalidad y esa frescura. Lo que el lector encontrará en el Sumario son las mejores de entre las primeras impresiones, descripciones y dibujos que un viajero europeo hizo sobre la fauna y la flora del Nuevo Mundo. Porque la naturaleza de América era realmente nueva para los europeos: no solo exótica, como lo eran las de Asia y África, con otros niveles de conocimiento e intercambio mutuo, sino enteramente nueva, [véase «Descubrimiento europeo de la flora americana», por José María Valderas; Investigación y Ciencia, octubre de 1992.]

Pocos autores se enfrentaron a este reto con el coraje intelectual de Fernández de Oviedo. Lo hizo pertrechado de una cultura científica y humanística que no era académica, sino cortesana, formado con unas pocas lecturas del mundo clásico (entre las que la Historia naturalis de Plinio fue sin duda su guía fundamental) y un puñado de años de viaje por Italia (que le permitieron el contacto directo con formas y prácticas culturales típicas de las cortes renacentistas), además de un contacto juvenil con los intelectuales de la corte de los Reyes Católicos. Pero lo que desencadenó su obra naturalística fue, sin duda, su dilatada aventura americana. Fernández de Oviedo cruzó el Atlántico en siete ocasiones y vivió dilatados períodos de tiempo en América, donde murió.

Esta edición de Cátedra, al margen de los problemas señalados, hace más accesible a un público general, más allá de los especialistas, una obra que es de lectura obligada para quien quiera entender qué era y cómo se hizo ciencia natural a partir del Renacimiento. Pero, además, la obra de Fernández de Oviedo nos permite comprender la enorme importancia que tuvo el contacto de los europeos con la flora y la fauna de América; como acicate y estímulo para nuevas preguntas teóricas, pero también para nuevas prácticas científicas, enormemente desarrolladas a partir de entonces, con unas técnicas de descripción, recolección, conservación y clasificación de especímenes procedentes de los concebidos como «tres reinos de la naturaleza»: el animal, el vegetal y el mineral.

En ese nuevo despliegue tecnológico del trabajo del naturalista, el Sumario descolla también por lo que respecta a la incorporación de la ilustración científica. Mediante el grabado inserto en el texto impreso, Oviedo aporta grandes novedades al material visual circulante entre los estudiosos que comenzaban a consolidar nuevos sistemas de elaboración, comunicación y circulación del saber en torno a la naturaleza y sus fenómenos. Los dibujos de Fernández de Oviedo, con la aparente espontaneidad y simpleza que los caracterizan, se convirtieron en las primeras imágenes circulantes a gran escala de animales como la iguana o el manatí, de plantas como la chumbera o de frutos como la piña o la pitahaya. Los grabados del Sumario —y de la primera parte de la Historia general y natural, que el autor publicaría nueve años más tarde— se repitieron, copiados o modificados, por toda Europa gracias a las traducciones que muy pronto se hicieron de estas obras, pero también gracias a su inclusión en otros tratados de historia natural producidos en Europa a lo largo del siglo XVI.

Ese éxito internacional de la obra de Fernández de Oviedo produjo también otro fenómeno interesante, que resultaría trascendental para la ciencia de los siglos venideros: la incorporación de una parte de los saberes indígenas americanos al acervo científico. Algo que es especialmente visible en el uso de términos de origen taíno, náhuatl o de otras lenguas amerindias en la nomenclatura botánica y zoológica actuales.

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