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  • Febrero 2017Nº 485
Cartas de los lectores

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Sobre la sombrilla estelar y Laniakea

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SOMBRILLA ESTELAR
En «Cómo ver otra Tierra» [Investigación y Ciencia, julio de 2016], Lee Billings expone las posibilidades del futuro Telescopio de Rastreos Infrarrojos de Campo Amplio (WFIRST), de la NASA, para captar imágenes de planetas similares a la Tierra. Dicha meta podría conseguirse por medio de una «sombrilla estelar»: una pantalla gigante que bloquease la luz de la estrella en torno a la cual orbita el planeta que se desea ver, la cual quedaría desplegada a miles de kilómetros de distancia del telescopio. Determinar las posiciones relativas de ambos objetos exige llevar a cabo una serie de cálculos que, hoy por hoy, se han convertido en rutina. Sin embargo, mantenerlas con la precisión necesaria para que todo funcione parece una exigencia abrumadora. ¿Se ha tenido en cuenta este aspecto?

Ken Knowlton
Sarasota, Florida

RESPONDE BILLINGS: El vuelo en formación constituirá sin duda uno de los requisitos clave para todo telescopio que pretenda usar una sombrilla estelar. Sin embargo, algunas maniobras semejantes ya son habituales en el espacio; en particular, en el caso de las naves que llegan a la Estación Espacial Internacional. Controlar la sombrilla y el telescopio para lograr un vuelo en formación con la alineación necesaria no se considera un reto tecnológico: exigiría que cada elemento estableciese su posición con una precisión aproximadamente igual a un metro; en cambio, una nave que se dispone a atracar en la Estación Espacial Internacional debe hacerlo con una precisión de menos de 30 centímetros.

Lo que sí plantea varios problemas es la detección de los movimientos laterales de dos objetos tan distantes, equivalentes a desplazamientos de milisegundos de arco en la posición celeste de uno con respecto al otro. A pesar de todo, un telescopio dotado de una cámara con sistemas de guiado fino, como la del Hubble, sería capaz de medir con precisión la posición lateral de una sombrilla equipada con un banco de ledes y un láser baliza. Por último, la distancia entre ambos objetos podría calcularse con facilidad usando transpondedores de radio.

 

LANIAKEA
He sentido asombro y exasperación a partes iguales al leer «Nuestro lugar en el cosmos» [Investigación y Ciencia, septiembre de 2016], el artículo de Noam Libeskind y R. Brent Tully sobre Laniakea, el supercúmulo de galaxias al que pertenece la Vía Láctea. Asombro por su escala y belleza, y exasperación porque, aunque los autores detallan varios métodos para medir las velocidades radiales peculiares de las galaxias (aquellas paralelas a la línea de visión y relativas al movimiento causado por la expansión cósmica), no dicen nada sobre cómo determinar sus velocidades transversales (perpendiculares a la línea de visión). Pero, sin conocer estas últimas, es imposible evaluar cuán fiables son las conclusiones a las que llega el artículo.

Paul Friedlander
Londres

RESPONDE LIBESKIND: No existe ningún método que permita medir las velocidades transversales de las galaxias. Esto solo es factible para aquellas que se encuentran más cerca de nosotros y, aun así, resulta extraordinariamente difícil. La razón se debe a que esa componente de la velocidad es imperceptible, ya que la mayoría de las galaxias se encuentran a distancias enormes.

Sin embargo, las velocidades transversales sí pueden estimarse mediante técnicas de reconstrucción. Para ello, nuestros datos de partida son un pequeño (relativamente hablando) muestreo de velocidades radiales para algunas galaxias distribuidas al azar. Esos datos representan las galaxias presentes en el cielo de manera incompleta, ya que es imposible calcular las velocidades peculiares de todas ellas: buena parte carecen de las estrellas necesarias o de otros marcadores que permitan estimar su distancia. Pero, a partir de los datos que tenemos, podemos deducir qué campo tridimensional de velocidades resulta más compatible con el campo unidimensional de velocidades radiales peculiares que sí hemos medido. Esta «suposición» también nos brinda una estimación del campo de densidad completo en tres dimensiones, lo que permite suplir las carencias iniciales nuestro muestreo.

Aunque pueda parecer una técnica arriesgada, en realidad no lo es. Puede ponerse a prueba mediante simulaciones del universo obtenidas con técnicas bien establecidas y, después, «observando» nuestra simulación del mismo modo en que observamos el cielo: oscureciendo algunas zonas e introduciendo errores de medida, muestreos incompletos, etcétera. Ello nos permite aplicar las técnicas mencionadas y comprobar cuán fiables son, ya que, en una simulación, sí conocemos las «verdaderas» velocidades de las galaxias, por lo que podemos compararlas con las calculadas. Tales pruebas revelan que las técnicas de reconstrucción de velocidades funcionan razonablemente bien.

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