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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Diciembre 1993Nº 207

Geología

Grandes provincias ígneas

Estos extensos campos de lava dan testimonio de pulsos de actividad magmática muy poderosos, aunque breves en términos geológicos. Su formación puede haber instado cambios profundos en el ambiente del planeta.

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En la investigación geofísica, llegar al lugar de observación no suele ser el menor de los problemas. Mientras navegaba con rumbo oeste, en medio de una tempestad, por el Pacífico Sur, el buque oceanográfico Rig Seismic de pabellón australiano fue azotado con tal fuerza, que el ancla se soltó y embistió contra el castillo de proa; las olas entraron por la proa e inundaron el barco. La avería retrasó el viaje hacia la planicie de Kerguelen, una región elevada de suelo oceánico justo al norte de la Antártida; la tripulación hubo de asegurar el ancla y tapar vías de agua. Cuando por fin la expedición, en la que se integraba uno de los autores (Coffin), llegó a Kerguelen, desplegó los instrumentos de análisis de las estructuras del fondo marino y empezó a tomar datos. La misión se proponía conocer el origen y evolución de esa enorme meseta submarina.

Estábamos en 1985. Contemporáneamente, en el otro hemisferio, el JOIDES Resolution, un laboratorio geológico flotante y buque de perforación, navegaba por el inquieto Atlántico Norte, con rumbo hacia la meseta oceánica de Vøring, a la altura de la costa noruega. La expedición, dirigida por Eldholm (el otro firmante del artículo) y por Jöm Thiede, del Centro de Investigación de Geología Marina de Kiel, se proponía abordar las estructuras geológicas que se forman en el proceso de separación de los continentes y nacimiento de un océano. Para asombro de muchos, extrajimos muestras de rocas ígneas situadas a casi un kilómetro de profundidad, bajo 300 metros de sedimentos no consolidados.  

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