Enjambres de robots

Para los diseñadores de robots de hoy día, lo pequeño no sólo es hermoso, sino que ofrece grandes posibilidades.
DARPA (la agencia estadounidense de proyectos avanzados para la defensa) planteó en 1998 un problema a los investigadores de la robótica. Debían crear unos robots de reconocimiento tan diminutos, que a un soldado le fuera posible llevarlos consigo y esparcirlos por el suelo como si fueran semillas. Los servicios de bomberos y los equipos de búsqueda y rescate podrían arrojarlos al interior de viviendas o edificios derrumbados para localizar a posibles víctimas atrapadas en su interior o encontrar materiales tóxicos. No está hoy a nuestro alcance algo así. Sin embargo, los minirrobots han merecido la atención de los principales proyectistas. En lugar de centrarse en unas cuantas plataformas grandes, repletas de sensores, se aplican a la construcción de flotillas de robots sencillos, ligeros y pequeños.
En principio, estos robots diminutos presentarían numerosas ventajas sobre sus parientes más voluminosos. Podrían infiltrarse por el interior de las conducciones, inspeccionar ruinas tras una catástrofe o agazaparse en lugares poco conspicuos. Un grupo de ellos, bien organizado, intercambiaría la información de sus sensores con el fin de cartografiar objetos que no resultasen fáciles de comprender desde un solo punto de observación. Cuando uno cayese o hubiera de escalar un obstáculo, otros le ayudarían. El responsable del grupo decidiría el número oportuno de robots según la situación. Si uno de los robots sufre una avería, no por ello se perdería la misión entera: los demás pueden continuarla.

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