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1 de Julio de 2012
Nutrición

Los verdaderos machos comen yogur

Los alimentos probióticos podrían dotar a los roedores de un "aire fanfarrón ratonil".

WIKIMEDIA COMMONS_Dirk Schneider (ds-foto)_CC BY-SA 3.0

El verano pasado, un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts se propuso ahondar en los efectos del yogur sobre la obesidad. Seguían los pasos de un estudio a largo plazo de la Escuela de Salud Pública de Harvard, que había sugerido que el yogur, más que ningún otro alimento, ayudaba a evitar el aumento de peso relacionado con la edad. Los investigadores, dirigidos por Susan Erdman, especialista en biología del cáncer, y Eric Alm, experto en genética evolutiva, querían reproducir este trabajo en ratones. Para ello alimentaron a un grupo de 40 machos y 40 hembras bien con una dieta alta en grasas y baja en fibras y nutrientes, que imitaba la comida basura, o bien con la alimentación estándar de los ratones. Después, complementaron la dieta de la mitad de los ratones de cada grupo con yogur con sabor a vainilla.

Su objetivo era entender cómo afectaban los alimentos probióticos a los niveles de obesidad y a los trastornos relacionados, incluido el cáncer. Sin embargo, Erdman afirma que los aspectos más interesantes del estudio fueron precisamente hallazgos que no habían previsto.

En primer lugar, descubrieron que los ratones que ingerían yogur presentaban un sorprendente aspecto lustroso. Mediante técnicas tradicionales de histología y escalas de medida usadas en cosmética, mostraron que estos animales tenían una densidad de folículos activos diez veces superior a la de otros ratones, lo cual les proporcionaba un pelaje sedoso exuberante.

Los investigadores se fijaron luego en algo curioso en relación con los machos: proyectaban sus testículos hacia fuera, lo cual hacía que anduviesen con un cierto aire «fanfarrón ratonil», señala Erdman. Al medir a los machos, encontraron que los testículos de los consumidores de yogur eran en torno a un cinco por ciento más pesados que los de los individuos alimentados solo con la dieta habitual, y sobre un quince por ciento más pesados que los de los múridos alimentados con comida basura.

Y lo más importante: esa masculinidad recompensaba. En experimentos de apareamiento, los machos alimentados con yogur inseminaron más rápidamente a las hembras y produjeron más crías que los ratones de control. Por otra parte, las hembras que tomaban las dietas con yogur dieron a luz a camadas más numerosas y destetaron a sus crías con mayor éxito. Según sus resultados, no publicados todavía, Erdman y Alm creen que los microorganismos probióticos del yogur ayudan a hacer que los animales sean más esbeltos y saludables, lo cual, a su vez, mejora de forma indirecta la virilidad sexual.

Estos resultados podrían tener consecuencias para la fertilidad humana. En un trabajo aún en curso, un equipo dirigido por Jorge Chavarro, epidemiólogo nutricionista de Harvard, ha investigado la relación entre la ingesta de yogur y la calidad del semen en los hombres. Hasta la fecha, sus resultados preliminares concuerdan con lo hallado en los ratones.

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