Vida primitiva en el hielo

Al derretirse, los glaciares podrían liberar antiguos microbios.
JESSE ALLEN, A PARTIR DE DATOS DE NASA/GSFC/METI/ERSDAC/JAROS Y EQUIPO CIENTÍFICO ASTER DE EE.UU./JAPON
Apresados en el hielo de la Antártida y Groenlandia, un mundo olvidado de seres de otra era espera una nueva oportunidad para salir a la luz. Antiguamente se pensaba que las placas de hielo polar constituían un entorno demasiado duro e inhóspito para albergar vida. Ahora, sin embargo, se sabe que representan una enorme reserva de microorganismos, atrapados antes de que los humanos apareciesen en el planeta.
Debido a la velocidad alarmante del deshielo en esas zonas, pronto podríamos encontrarnos con grandes cantidades de bacterias y otros microbios nunca vistos desde mediados del Pleistoceno, la última época en la que se produjo un gran cambio climático, hace unos 750.000 años.
John Priscu, experto en ecología microbiana de la Universidad estatal de Montana, ha pasado los últimos 28 inviernos en la Antártida, estudiando los microorganismos de las placas de hielo. Ha encontrado bacterias vivas, con capacidad de crecer y dividirse, en testigos de hielo de 420.000 años de antigüedad.
¿Suponen una amenaza para la salud humana? Probablemente no, porque la mayoría de las bacterias identificadas hasta el momento están emparentadas con las bacterias comunes del suelo y de los océanos. Sin embargo, teniendo en cuenta que los gases de efecto invernadero están calentando las regiones polares mucho más deprisa que el resto del planeta, se plantean otras preguntas acerca de esos seres vivos.
Se está intentando averiguar el modo en que esos microorganismos permanecen en un estado de animación suspendida durante milenios. Los resultados podrían abrir el camino hacia el descubrimiento de vida en otros climas extremos, como lunas o planetas congelados.
Pero de momento el motivo de preocupación más inmediata reside en la Tierra. Las células y el carbono que liberen los glaciares al derretirse podrían convertirse en enormes cantidades de materia orgánica que generarían dióxido de carbono y metano al descomponerse. Ello constituiría una fuente significativa de emisiones de gases de efecto invernadero, un aspecto que los climatólogos aún no han tenido en cuenta. Además, se han descubierto indicios de que los microorganismos están evolucionando en el interior de las placas de hielo. Están intercambiando ADN y obteniendo nuevos rasgos que les permitirían conquistar nuevos nichos ecológicos.
Aunque no parece que estos organismos del hielo vayan a suponer una amenaza para los animales de sangre caliente, podrían acabar con algunas poblaciones de microorganismos actuales, lo que tendría consecuencias impredecibles.

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