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1 de Abril de 2010
Astronomía

Formación estelar

Las estrellas ocultan su propio nacimiento. La materia a partir de la cual se crea una estrella necesita alcanzar una densidad suficiente para iniciar la fusión nuclear, que no se ha producido todavía.
CORTESIA DE NASA, JPL/Caltech y PAULA S. TEIXEIRA, Centro Smithsoniano de Astrofísica de Harvard
Si hay algo que podríamos pensar que los astrónomos conocen bien es el proceso de gestación de una estrella. La idea básica se remonta a Immanuel Kant y a Pierre-Simon Laplace en el si-
gloxviii. Los detalles relativos al brillo y evolución de esos cuerpos fueron desarrollados por físicos de la primera mitad del siglo xx. Los principios que gobiernan las estrellas se enseñan ya en el bachillerato. Los propios periódicos hablan incluso de la materia oscura y otras cuestiones de exotismo parejo en los titulares. Pudiera parecer, por tanto, que el proceso de formación estelar es un problema resuelto. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad. De hecho, se trata de uno de los temas más candentes en astrofísica.
En términos llanos, el proceso representa la victoria de la gravedad sobre la presión. Todo se inicia con una vasta nube de gas y polvo que flota en el espacio interestelar. Si la nube (o, más a menudo, un "núcleo", es decir, una parte más densa) está lo suficientemente fría y es lo bastante densa, el empuje gravitatorio hacia el interior supera al empuje hacia fuera de la presión gaseosa, con lo que comienza a colapsar por su propio peso. La nube (o núcleo) se vuelve cada vez más densa y caliente, hasta que termina por desencadenar los procesos de fusión nuclear. El calor generado en la fusión aumenta la presión interna y detiene el colapso. La estrella recién nacida alcanza así un estado de equilibrio dinámico, que puede durar de millones a billones de años.

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