Gravitropismo frente a fototropismo

En el alféizar de una ventana, las plantas experimentan un gradiente lumínico más acusado que los árboles en el campo, donde la tendencia al crecimiento (tropismo) que marca la gravedad suele imponerse a la de la luz, de efectos más sutiles.
VICTOR DEAK
En el alféizar de una ventana, las plantas experimentan un gradiente lumínico más acusado que los árboles en el campo, donde la tendencia al crecimiento (tropismo) que marca la gravedad suele imponerse a la de la luz, de efectos más sutiles. Las plantas de interior reciben más luz por uno de sus lados. Así se activan en mayor medida las moléculas fotorreceptoras que se encuentran en el lado iluminado. Esa diferencia, o gradiente, tiene una traducción bioquímica en el crecimiento: nos referimos al fototropismo, la tendencia de la planta a buscar la luz.
Los árboles que crecen a una latitud de 60 grados, reciben también una iluminación asimétrica: la luz les llega de forma oblicua, pues la altura del Sol a mediodía es de sólo unos 55 grados al comienzo del verano, que es la estación de crecimiento. Pero en esas regiones, la diferencia en intensidad luminosa es menor y más variable. El módico gradiente lumínico que experimenta el árbol queda contrarrestado por la influencia gravitatoria, incesante, conocida como gravitropismo, que guía a las plantas para que crezcan verticalmente. En el campo, la intensidad del gravitropismo se impone al fototropismo. No ocurre así en los alféizares.
Los contornos de los claros de los bosques constituyen un buen lugar para observar el crecimiento fototrópico a cualquier latitud. En esos puntos se observa, por la inclinación de los árboles hacia el claro, el efecto de un fuerte gradiente luminoso.

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