Soluciones para un proceso político deteriorado

Una mayor transparencia y un coto a la influencia de los grupos de presión facilitarían mejores estrategias a largo plazo.
MATT COLLINS
El estancamiento en el proceso de elaboración de políticas ambientales por parte del gobierno de EE.UU. ha puesto de manifiesto cuatro cuestiones. La primera, una incapacidad crónica para ver más allá de las próximas elecciones. Los proyectos "de ejecución inmediata" desvían la atención de estrategias vitales a largo plazo, que necesitarían un decenio o más para materializarse. Segundo, la mayoría de las decisiones clave se toman entre bambalinas del Congreso, mediante negociaciones con grupos de presión que, a su vez, financian campañas políticas. Tercero, se ignoran en buena medida las recomendaciones de expertos y climatólogos, al tiempo que el Wall Street Journal los tacha, falsa e imprudentemente, de interesados y confabuladores que sólo persiguen financiación estatal. Por último, la población tiene pocas oportunidades de seguir y opinar sobre las complejas propuestas políticas que pasan por el Congreso o por instituciones de la administración.
Esos fracasos afectan sobremanera a los retos que entraña un desarrollo sostenible, ya que no existen soluciones inmediatas para reducir a gran escala las emisiones de gases de efecto invernadero. En lugar de adoptar estrategias a largo plazo para potenciar fuentes energéticas bajas en carbono, modernizar la red eléctrica o fomentar el transporte eléctrico, nos ofrecen dinero por nuestros vehículos viejos, subvenciones para el etanol de maíz y otras supuestas soluciones, ineficaces y muy caras.

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