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1 de Octubre de 1994
Astronomía

Astronomía en el ultravioleta extremo

Las observaciones efectuadas en estas longitudes de onda, que antaño se consideraban imposibles, amplían nuestro conocimiento del cosmos.

Mediodía del 7 de junio de 1992. Nervioso y expectante, asisto al lanzamiento, desde cabo Cañaveral, de un cohete Delta II. Porta a bordo el satélite Explorador en el Ultravioleta Extremo (EUVE) que, una hora después, se sitúa en órbita, a 550 kilómetros de la Tierra.

Las prestaciones del satélite han superado todas las previsiones. Volando muy por encima de la atmósfera, que impide que la radiación del ultravioleta extremo llegue a los telescopios terrestres, el EUVE ha detectado múltiples objetos —enanas blancas, estrellas con la corona activa, estrellas de neutrones y objetos planetarios de nuestro sistema solar—, emisores todos de radiación en esa banda de alta frecuencia. Incluso ha detectado diez fuentes de radiación ultravioleta extrema más allá de la Vía Láctea, observación tanto más satisfactoria cuanto más se recuerde la vieja predicción: que el gas interestelar absorbería toda radiación ultravioleta extrema, hasta la procedente de las estrellas próximas, y no digamos ya la de objetos extragalácticos.

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