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1 de Octubre de 1994
Arqueología

La lección de los huesos de Abu Hureyra

La molienda diaria en una de las comunidades agrícolas del Neolítico temprano instaladas en el Próximo Oriente dejó marcas muy ilustrativas en el esqueleto de sus habitantes.

La reconstrucción de la vida de tiempos remotos parece labor propia de detectives. Sin pistas firmes, hemos de trabajar sobre pruebas dispersas: huesos, artefactos y ruinas de los abrigos. Por mi función en el Museo de Historia Natural de Londres supe que se había traído a Inglaterra una colección de huesos humanos del Neolítico temprano procedentes de las excavaciones de Abu Hureyra, en el norte de Siria. El trabajo arqueológico lo había realizado Andrew M. T. Moore en 1972 y 1973, poco antes de que el yacimiento se anegara con la presa de Tabqa. (Moore publicó sus resultados en Investigación y Ciencia en octubre de 1979.) Los restos esqueléticos, procedentes de siete zanjas, corresponden a unos 162 individuos (75 niños y 87 adultos, de los cuales 44 eran mujeres, 27 varones y 16 de sexo indeterminado). Los depósitos abarcan 3000 años.

A mi equipo le pareció, de entrada, que los huesos podían introducirnos en la vida diaria de los habitantes de este asentamiento y, por consiguiente, de otros grupos del Neolítico que realizaron la transición de la caza y la recolección a la agricultura. Las marcas dejadas por la vida llevada (unas causadas por la enfermedad; otras por el trabajo) pueden quedar impresas en huesos y dientes.

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