JOEL SARTORE, GETTY IMAGES

Cuando no sabemos la respuesta a una pregunta, pongamos a la pista de un crucigrama, somos conscientes de nuestra limitación y concebimos una estrategia para descubrir la información ignorada. Esa consciencia sobre nuestro propio conocimiento (pensar sobre el pensamiento) se denomina metacognición. Resulta difícil saber si los animales comparten esta capacidad porque no podemos preguntárselo y, hasta la fecha, los estudios en primates y aves no han podido descartar explicaciones más sencillas para este complejo proceso.

Sabemos, en cambio, que ciertos animales planifican el futuro. Uno de ellos es la chara californiana, un córvido originario del oeste de Norteamérica. La chara es uno de los modelos preferidos por los expertos en cognición porque no se queda «estancada en el tiempo»; es capaz de recordar el pasado y hacer acopio de alimento para burlar el hambre, explica Arii Watanabe, psicóloga de la Universidad de Cambridge. Pero la pregunta persiste: ¿es consciente de que está planificando?

Watanabe ideó un método para comprobarlo. Dejó que cinco charas vieran cómo dos investigadores escondían comida, en este caso orugas de mariposa. El primero las ocultó en un cuenco entre una serie de cuatro colocados frente a él. El segundo tenía tres cuencos tapados, por lo que solo podía depositarlas en el cuenco abierto. El truco radica en que los investigadores las ocultaron al unísono obligando a las aves a fijar la mirada en uno de ellos.

Watanabe supuso que si las charas tienen metacognición les resultaría más sencillo hallar la comida en el segundo caso: por fuerza la oruga debía estar en el único cuenco abierto. Así que, en lugar de mirar al segundo investigador observarían atentamente la fila de cuatro cuencos abiertos, porque saber en cuál de ellos estaba la oruga sería más útil en el futuro. Y eso es justamente lo que sucedió: las charas observaron al primer investigador más tiempo. Los resultados aparecen en el número de julio de Animal Cognition.

Friederike Hillemann, experta en córvidos de la Universidad de Gotinga, opina que el experimento ofrece una demostración elegante de la capacidad de razonamiento de estas aves sobre los propios estados de conocimiento. Pese a no poner directamente a prueba la consciencia, los resultados del experimento son fascinantes porque aportan nuevas pruebas que destronan al hombre como único animal capaz de reflexionar sobre su pensamiento.

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