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1 de Septiembre de 2014
Astronomía

Los Pilares de la Creación

Cortesía de la NASA, ESA, STScI, J. Hester y P. Scowen, Universidad del Estado de Arizona

¿Se acuerda de los Pilares de la Creación? Desde que el Telescopio Espacial Hubble tomó esa espectacular fotografía en 1995, la hemos visto en carteles, camisetas y salvapantallas. Sin embargo, aunque parece que a nadie le son desconocidos, no están claros los detalles de cómo se formaron. Una simulación por ordenador quizás haya despejado por fin el misterio. Scott Balfour, astrónomo de la Universidad de Cardiff, y sus colaboradores han reproducido casi con toda exactitud los pilares valiéndose de la física de fluidos gaseosos.

A estas tres columnas de gas, situadas en una nebulosa de la Vía Láctea, la del Águila, se les dio su apodo porque crean estrellas. Los pilares mismos son obra de una gran estrella de tipo O cercana, que esculpe el gas con sus potentes vientos. Las estrellas de tipo O son las mayores y más calientes del universo. En su breve vida perturban mucho sus alrededores. Con su intensa radiación calientan el gas que las rodea, donde se forman entonces burbujas expansivas. Según la nueva simulación, que cubre 1,6 millones de años, a lo largo del borde de esas burbujas se generan de modo natural, conforme se van expandiendo y rompiendo, columnas que tienen las mismas características que los Pilares de la Creación.

La simulación, que Balfour presentó en junio en el Encuentro Nacional de Astronomía convocado por la Real Sociedad Británica de Astronomía, mostraba, además, que las estrellas de tipo O afectan de manera inesperada a la formación de estrellas. Estudios anteriores indicaban que la ponen en marcha; en su vecindad, en efecto, suelen crearse estrellas. Según la simulación, sin embargo, las burbujas que rodean a las estrellas de tipo O destruyen a menudo las nubes generadoras de estrellas. Y en otros casos comprimen el gas circundante, de modo que la formación de estrellas se inicia antes de lo que habría empezado si no, y así acaban por ser más pequeñas. «Nos sorprendió mucho», comenta Balfour. Las simulaciones de James Edward Dale, del Observatorio Universitario de Múnich, ponen también en entredicho que las estrellas de tipo O induzcan la formación de estrellas. Según sus cálculos, el efecto desencadenante es mucho menos importante que el destructivo, tal y como parece suceder también en las simulaciones de Balfour. Es una verdad universal: destrucción y creación van de la mano.

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