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Líquenes: vigías ambientales

La presencia o ausencia de estos organismos nos informan de la calidad del aire que respiramos.

Candelaria concolor. [CORTESÍA DE ZULEMA VARELA]

Para poder evaluar los posibles efectos nocivos de la contaminación sobre el medio, no existe mejor herramienta que el estudio de los organismos que viven en él. Es lo que nos proponemos en nuestro grupo de investigación, donde llevamos años trabajando en la biomonitorización de la calidad del aire que respiramos mediante el empleo de musgos y líquenes, unos organismos que nos proporcionan una valiosa información.

Los líquenes son seres enigmáticos formados por la simbiosis entre un organismo micobionte (un hongo heterótrofo) y otro fotobionte (algas o cianobacterias autótrofas). Esta asociación origina una estructura morfológica particular, el talo, que presenta unos rasgos biológicos singulares, como la ausencia de cutícula (la capa protectora de los tejidos vegetales) y de raíces, el mantenimiento de un metabolismo activo en ambientes extremos o un crecimiento lento.

A diferencia de las plantas superiores, los líquenes carecen de estomas para realizar el intercambio gaseoso con el aire. En su lugar, presentan unos poros cuya apertura o cierre no pueden regular. Ello facilita la entrada de varios contaminantes atmosféricos, sobre todo dióxido de azufre (SO2). Una vez en el interior del vegetal, este gas destruye la clorofila y altera la fotosíntesis. Los daños pueden variar desde una reducción en la velocidad de crecimiento hasta la propia muerte. Además, el SO2 en contacto con el agua del medio da lugar a ácido sufuroso, que provoca una fuerte acidificación del sustrato sobre el que viven los líquenes y altera su morfología, estructura y fisiología.

Los líquenes pueden agruparse en tres biotipos fundamentales según su forma. Los crustáceos tienen aspecto de costra y se adhieren fuertemente a su soporte por la cara inferior; los foliáceos poseen un talo con apariencia de hojas o láminas y un borde que se separa bien del sustrato; y los fruticulosos se caracterizan por su forma de arbusto y por fijarse al sustrato en un único punto. En general, los fruticulosos son más sensibles a la contaminación. Debido a su mayor índice superficie/masa, se hallan más expuestos a los contaminantes, por lo que solo viven donde el aire está limpio. En cambio, los de tipo crustáceo están menos expuestos y son más tolerantes.

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