STEPHANIE ABRAMOWICZ

El paleontólogo Michael Habib estudia la biomecánica de los pterosaurios, el mayor de los cuales (de 250 kilogramos y 10 metros de envergadura) tenía el tamaño de un reactor de caza moderno. Los mayores animales voladores que han existido jamás poseían una anatomía de vuelo peculiar, distinta de la de las aves y los murciélagos. Y eso los convierte en un modelo singular de la mecánica de vuelo, sobre todo para los aeroplanos de gran tamaño.

Habib combina los principios de la física y de la anatomía vertebrada con los datos paleontológicos para modelar el vuelo de los pterosaurios. Espera que estos conocimientos inspiren nuevos diseños aeronáuticos y técnicas para instituciones como la NASA y el Departamento de Defensa —ya ha sido así en algunos casos—. En cierto sentido los ha devuelto a la vida. A continuación se muestran algunas de las posibles aplicaciones inspiradas en estos reptiles.

 

Sistemas de lanzamiento rápido
A diferencia de los aeroplanos modernos, los pterosaurios no necesitaban pistas de despegue. Dominaban el despegue vertical, una gesta imposible o costosísima en combustible para los aviones actuales. La osamenta rígida pero hueca y liviana les permitía saltar con fuerza con las cuatro extremidades (alas y pies). Así podían alcanzar mayor velocidad en un tramo corto para alzar el vuelo. Habib está negociando con el Departamento de Defensa una subvención de la Agencia de Proyectos Avanzados para diseñar una aeronave con características físicas análogas y un sistema de lanzamiento cuadrúpedo que permitiría a los pilotos ejecutar un rápido despegue vertical o hacerlo con poco combustible.

 

Robot volador marciano
Las astronaves al uso tendrían que viajar con una velocidad vertiginosa para permanecer suspendidas en la tenue atmósfera marciana, lo que haría impracticable la exploración del terreno. Un robot que volara como un pterosaurio pero con un batido rápido y un cuerpo de movimientos lentos podría ser una buena solución. Colibríes y abejorros vuelan de ese modo y la NASA ha diseñado robots inspirados en la biomecánica de estos «aleteadores» natos.

 

Alas con adaptación de forma
Las alas de los pterosaurios estaban dotadas de un largo dedo aguzado que alcanzaba dos metros y medio en las especies más voluminosas. Al alzar el vuelo, los dedos se curvaban por la fuerza del batido descendente y volvían a su posición de partida como un muelle con el batido ascendente. El retorno espontáneo ahorraba una cantidad de energía considerable durante el aleteo. Habib afirma que los expertos en robótica de la Fuerza Aérea de EE.UU. están interesados en las alas con adaptación de forma porque podrían resultar útiles como sistemas de vuelo en aviones o en paracaídas —una suerte de alas del alta convexidad.

 

Carpas sin flameo
Para volar, los pterosaurios mantenían una tensión uniforme en toda la superficie de las alas. Estas eran membranosas y estaban formadas por fibras gruesas y largas entrecruzadas con fibras más pequeñas que controlaban el flameo. Cada fibra se movía de forma independiente bajo la fuerte presión del aire, pero en virtud de sus dimensiones distintas vibraban con frecuencias opuestas que, sumadas, se anulaban, permitiendo que el ala permaneciera firme. Habib quiere ofrecer a varios fabricantes un diseño de tela para carpas que aprovecha el mismo principio físico para reducir el ruidoso flameo y mejorar la estabilidad en condiciones de viento fuerte.

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