El corazón, bomba de succión

Un modelo reciente sugiere que parte de la energía de cada contracción se almacena en el músculo cardiaco e impulsa una fuerza de succión que ayuda al llenado. El movimiento del corazón entero aumenta ese efecto.

En las primeras ametralladoras, tras cada disparo había que introducir manualmente un nuevo cartucho para que lo accionara el mecanismo percutor. De forma similar, según el modelo de corazón humano aceptado actualmente, después de cada contracción el órgano permanece pasivo, llenándose de sangre gracias a la presión de las venas. Proponemos un nuevo modelo de la función cardiaca, análogo a las armas automáticas modernas: la fuerza generada por el disparo de un cartucho aporta la energía necesaria para cargar el siguiente. En nuestro modelo, parte de la energía de cada sístole (contracción del músculo cardiaco) se almacena en el corazón y activa la siguiente diástole, la expansión.

El corazón humano posee cuatro cámaras, las aurículas izquierda y derecha y los ventrículos izquierdo y derecho (véase la figura 2). La aurícula derecha recoge la sangre que retorna del cuerpo y, la izquierda, la que vuelve de los pulmones. Durante la diástole se abren las válvulas unidireccionales que separan las aurículas de los ventrículos, vertiéndose la sangre en éstos. Inmediatamente, durante la sístole, los ventrículos se contraen, se cierran las válvulas de las aurículas y sale la sangre por otras válvulas unidireccionales hacia los pulmones (en el caso del ventrículo derecho) o al circuito sistémico (en el caso del ventrículo izquierdo).

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