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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 1986Nº 119

Percepción

Percepción del movimiento aparente

Cuando el movimiento de un objeto que se ve intermitentemente resulta ambiguo, el sistema visual resuelve la confusión mediante algunos ardides que reflejan un conocimiento preformado de las propiedades del mundo físico.

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Los productores de películas cinematográficas, de programas televisivos y hasta los de anuncios luminosos vienen contando desde hace mucho con el hecho de que el sistema visual humano está dotado de una curiosa peculiaridad: cuando pasa ante él rápidamente una serie de imágenes fijas, la mente es capaz de «llenar» los vacíos que quedan entre esos «cuadros» e imaginarse que está viendo un objeto en movimiento. Por ejemplo, una serie de flechas de tubo de neón encendidas sucesivamente se perciben como si fuese una única flecha que se moviera trasladándose por el espacio. A la ilusión del movimiento continuado se la denomina «movimiento aparente», para distinguirla del movimiento «real» que un observador percibe cuando por su campo visual se mueve un objeto sin interrupción. Cuando Sir Laurence Olivier aparece en una película practicando la esgrima está en movimiento aparente, mientras que la persona que atraviesa la sala de cine y pasa por delante de la pantalla se mueve con movimiento real.

Durante el casi un siglo que ha transcurrido desde la invención del cinematógrafo los directores de cine y televisión se las han ingeniado para crear numerosas ilusiones de movimiento, pero en sus progresos se han guiado principalmente por la experiencia ordinaria y la improvisación. Sólo ahora está comenzando la investigación psicológica a describir los mecanismos por cuyo medio el sistema visual (la retina y el cerebro) percibe el movimiento aparente.

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