Sustitución de nucleótidos en la evolución del ADN

La comparación de las secuencias de nucleótidos del ADN de diferentes especies ayuda a establecer la filogenia de éstas y permite contrastar teorías alternativas sobre el mecanismo de la evolución molecular.

El hecho de que los organismos presentan semejanzas y diferencias que permiten clasificarlos fue ya reconocido por los naturalistas de la antigüedad clásica. El romano Plinio clasificó, según su hábitat, los animales en acuáticos, terrestres y aéreos. Pero este tipo de clasificaciones, basadas en criterios ecológicos, tiene un valor muy limitado. Carlos Linneo, en el siglo XVIII, se propuso clasificar las plantas y animales atendiendo a su estructura, lo que constituyó un gran avance.

Richard Owen, el primer director del Museo Británico de Historia Natural, distinguió entre estructuras análogas, superficialmente semejantes por estar adaptadas a una misma función, y estructuras homólogas, que, aunque pueden diferir en su aspecto superficial, poseen una organización básica similar, cuyas partes están dispuestas en el mismo orden relativo, y derivan de los mismos esbozos embrionarios. Por ejemplo, la espina de un cactus, una hoja modificada, y la de un rosal, una rama modificada, son estructuras análogas; en cambio, la estructura ósea de las extremidades anteriores de los vertebrados tetrápodos constituye un buen ejemplo de homología: aun con variaciones características de cada grupo, constan todas de varios huesos dispuestos en el mismo orden relativo y con una embriogénesis similar. Owen, un fijista, postuló que la clasificación de los organismos debe basarse exclusivamente en homologías, precisando así el método de Linneo.

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