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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2014Nº 449

Medicina

Adaptación cardíaca al ejercicio físico

El sistema cardiovascular experimenta cambios adaptativos en respuesta al entrenamiento. Identificarlos y distinguirlos de las enfermedades cardíacas resulta de vital importancia a la hora de practicar deporte.

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Numerosas investigaciones demuestran que el ejercicio moderado previene el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. De hecho, los beneficios del deporte sobre la calidad de vida y la longevidad son conocidos ya desde la época de Hipócrates. Sin embargo, el primer estudio científico que introdujo el concepto de beneficio cardiovascular inducido por la práctica de ejercicio físico no apareció hasta 1953. Publicado por el epidemiólogo Jerry Morris, por entonces en el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido, y sus colaboradores en la prestigiosa revista médica The Lancet, el trabajo describía cómo los revisores que subían y bajaban las escaleras de los dos pisos de los autobuses de Londres sufrían la mitad de fallecimientos a causa de una enfermedad coronaria que los conductores del mismo autobús que pasaban el día sentados frente al volante.

No obstante, en los últimos años varias investigaciones han descrito una asociación entre el ejercicio físico intenso y crónico y el aumento de los trastornos del ritmo cardíaco, entre ellos la fibrilación auricular y otras anomalías con posibles consecuencias devastadoras, como la muerte súbita. Los cambios estructurales y funcionales que se producen en el sistema cardiovascular en respuesta al entrenamiento se asemejan a menudo a situaciones de enfermedad, con dilatación, hipertrofia o incluso fibrosis del corazón. Por este motivo, resulta de vital importancia distinguir las características adaptativas de las patológicas, aspecto que algunas técnicas avanzadas están ayudando a determinar.

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