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1 de Febrero de 2014
Historia de la Ciencia

El árabe en la astronomía

Más de doscientos nombres de estrellas, varios cráteres lunares y tres términos astronómicos empleados aún hoy dan testimonio de los mil años de relación entre Occidente y la ciencia en el mundo musulmán.

Cortesía de Paul Kunitzsch/Tullio Tomba, Milán

En síntesis

Durante la Edad Media, los sabios musulmanes continuaron los estudios astronómicos de la Antigüedad. Sus obras fueron traducidas del árabe al latín por monjes cristianos, gracias a lo cual la ciencia árabe penetró en Europa.

Numerosos términos astronómicos de origen árabe forman hoy parte de nuestro acervo cultural. Su camino a través del laberinto lingüístico de la tradición solo puede reconstruirse a través del estudio cuidadoso de las fuentes originales.

El significado inicial de múltiples nombres de estrellas de origen árabe fue adulterado debido a errores básicos de transcripción, falta de conocimientos por parte de los copistas e interpretaciones aventuradas e inexactas.

Hoy en día no solemos asociar la cultura árabe o islámica con la ciencia de vanguardia. Hace alrededor de mil años, sin embargo, la situación era muy distinta. Las investigaciones que los eruditos musulmanes llevaron a cabo durante varios siglos contribuyeron de manera decisiva a la reactivación y expansión de la ciencia en Europa. Entre otras disciplinas, la tradición árabe desempeñó un importante papel en el desarrollo de la astronomía. ¿A qué estudiosos musulmanes debemos esa influencia? ¿Cuándo se produjo el encuentro entre Oriente y Occidente? ¿Cómo acabó el mundo occidental haciendo suyo el conocimiento árabe?

Con anterioridad a la llegada del islam, los habitantes de la península arábiga eran en su mayoría beduinos que vivían en el desierto y que, en gran medida, habían permanecido al margen de la evolución que habían experimentado las culturas vecinas, como la sumeria, la babilonia o la griega. Su existencia, muy condicionada por la necesidad de hacer frente a las inhóspitas condiciones del entorno, les llevó a desarrollar un saber propio basado en la observación y en la experiencia.

El conocimiento del cielo nocturno y sus cambios formaba parte de aquel saber. El movimiento periódico de los astros les sirvió para determinar las estaciones, tanto las temporadas seca y de lluvias como los períodos de frío y calor. Más de trescientos astros recibieron un nombre a partir de esa manera de concebir el calendario. Entre ellos no solo se encontraban las estrellas más brillantes del cielo, sino también otras más tenues, fáciles de pasar por alto en latitudes más altas.

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