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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2014Nº 449
Panorama

Química

La versatilidad de los fullerenos

La encapsulación de metales en el interior de estas moléculas y la funcionalización de las mismas abren nuevas vías de aplicación en biomedicina y nanotecnología.

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Un balón de fútbol consta de 12 pentágonos y 20 hexágonos de cuero, y tiene un diámetro de unos 22 centímetros. Si sustituimos cada uno de los vértices de los pentágonos y hexágonos del balón imaginario por un átomo de carbono, y reducimos su tamaño a unas tres cienmillonésimas partes, hablamos entonces de un fullereno: en concreto, el C60. Fue descubierto en 1985 por Richard F. Smalley, Harold Kroto y Robert F. Curl [véase «Fullerenos», por Robert F. Curl y Richard F. Smalley; Investigación y Ciencia, diciembre de 1991], lo que les valió el premio Nobel de química en 1996.

Además de ser el primero en conocerse, el C60 es el fullereno más abundante. Desde su hallazgo, se han sintetizado otras moléculas del mismo tipo (C70, C76, C80, C82, C84, etcétera); contienen todas 12 pentágonos de carbono y un número de hexágonos que varía según el tamaño del «balón». Dado que estos pentágonos y hexágonos pueden ordenarse de múltiples formas, a cada fullereno le corresponde un gran numero de isómeros (31.924 en el caso del C80); sin embargo, habitualmente se forman y detectan solo uno o dos. Los fullerenos se hallan presentes en el hollín y en las nubes de polvo cósmico, como productos de las altas presiones y temperaturas.

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