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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2014Nº 449
Apuntes

Conservación

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Marfil reducido a polvo

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Una despejada mañana del pasado noviembre, el aire de las afueras de Denver se llenó de polvo cuando una machacadora de roca pulverizó casi seis toneladas de marfil de elefante. Los volquetes vertieron en la trituradora un lote tras otro de colmillos enteros, estatuillas talladas, brazaletes y otros abalorios, que salieron convertidos de las entrañas de la máquina en fragmentos similares a pedazos de conchas.

El Servicio de Pesca y Fauna Silvestre de EE.UU. destruyó esa jornada los alijos de marfil incautados a lo largo de un cuarto de siglo (con un valor estimado de 12 millones de dólares en el mercado negro) para lanzar un claro mensaje a todo el mundo: el país no tolerará la caza furtiva de los elefantes ni los delitos contra la fauna en general. El comercio internacional de marfil es ilegal desde 1989, pero hoy los cazadores furtivos siguen abatiendo elefantes africanos por sus colmillos, a razón de uno cada 15 minutos. De seguir así, la especie se extinguirá en pocas décadas.

A las autoridades no solo les preocupa el volumen del comercio de marfil, sino a costa de qué animales se lucra. Hoy la caza furtiva está dirigida por organizaciones criminales internacionales que trafican con la fauna del mismo modo que con personas, drogas o armas. Los dividendos que reporta la venta ilegal de marfil, cuernos de rinoceronte y otros productos faunísticos (cifrados en 19.000 millones de dólares anuales) financian a grupos terroristas y otros colectivos extremistas. Y los países que albergan elefantes salvajes no suelen disponer de los recursos necesarios para perseguir a los delincuentes.

La destrucción del marfil decomisado sigue siendo objeto de controversia porque hay quien pone en duda que ayude a acabar con el tráfico. Los críticos sostienen que ese tipo de acciones que reducen las existencias de marfil impulsan el precio al alza y fomentan aún más la caza furtiva.

Pero los intentos por inundar el mercado con marfil han causado el efecto contrario y han alentado la caza ilegal, asegura Peter Knights, de WildAid, una organización no gubernamental de San Francisco. Knights equipara el tráfico ilegal de fauna silvestre con el narcotráfico y cree preciso mirar al pasado y aprender una lección: «A nadie se le ocurriría volver a poner en circulación la heroína aprehendida».

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