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Cortesía de Emilie Dressaire, Trinity College y Marcus Roper, Universidad de California en Los Ángeles

Las setas han sido descritas en ocasiones como órganos rudimentarios que se limitan a engendrar tantas esporas como pueden. La distancia recorrida quedaría al arbitrio del viento. Sin embargo, una mirada más atenta ha revelado un panorama más complejo.

Marcus Roper, matemático de la Universidad de California en Los Ángeles, asegura que las setas representan la materia oscura de la biología. Se hallan por todas partes, pero han sido muy poco estudiadas.

Roper y sus colaboradores han empleado técnicas de grabación en vídeo de alta velocidad y análisis matemáticos para investigar la dispersión de las esporas en ausencia de viento. En un reciente encuentro de la sección de dinámica de fluidos de la Sociedad Estadounidense de Física anunciaron, para sorpresa de todos, que los hongos creaban sus propias corrientes de aire.

El truco para lanzar al aire las esporas se denomina enfriamiento por evaporación. La evaporación de minúsculas gotas de agua que aparecen en la superficie del hongo justo antes de la dispersión genera el vapor necesario para elevar las esporas y facilitar su diseminación.

El nuevo descubrimiento «ahonda en las complejidades que ocultan las humildes setas», afirma Nicholas Money, biólogo de la Universidad de Miami en Ohio. «Es un ejemplo espléndido de ingeniería evolutiva.»

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