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1 de Febrero de 1996
Ecología

Las pesquerías mundiales, en peligro

Las especies marinas no pueden resistir el acoso de la pesca industrial moderna. El colapso de los caladeros en muchas regiones demuestra a las claras la gravedad del peligro.
Casi nadie ignora que Jean-Baptiste de Lamarck fue el padre de la teoría de la herencia de los caracteres adquiridos. Pero muy pocos han oído hablar de sus opiniones sobre pesquerías marinas. Reflexionando sobre el tema, escribió: "Los animales que viven... en el mar... están protegidos de la destrucción humana de sus especies. Su multiplicación es tan rápida y tan grandes sus medios para evadir la persecución o las trampas, que no existe la menor probabilidad de que el hombre pueda acabar con toda una especie de ninguno de estos animales." Lamarck erró también en su teoría de la evolución.
Se le puede perdonar a ese naturalista que vivió a caballo de los siglos xviii y xix su incapacidad para imaginar que los humanos llegarían a capturar peces con una celeridad mayor que el ritmo de reproducción de tales animales. Menos excusable es que muchas personas (entre ellas las dedicadas por profesión a las pesquerías) hayan cometido el mismo error de apreciación. Por culpa de sus fallos, numerosas poblaciones de peces han caído hasta niveles bajísimos, se han desestabilizado ecosistemas marinos y se han empobrecido muchas comunidades costeras. No deja de resultar sarcástico que el afán por obtener beneficios a corto plazo haya costado billones de pesetas a empresas y contribuyentes, y haya amenazado la seguridad alimentaria de los países en vías de desarrollo de todo el mundo. La insensatez fundamental que subyace bajo la actual disminución de los recursos pesqueros debe atribuirse a una incapacidad general a la hora de reconocer que los peces son animales salvajes, los únicos que todavía se cazan a gran escala.

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