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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2018Nº 497

Clima

El enigma de las nubes

Los científicos comienzan a dilucidar si los cambios en la nubosidad acelerarán o frenarán el cambio climático.

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Quienes nos dedicamos a la ciencia del clima sabemos, gracias a los datos, que la Tierra se calentará a lo largo de este siglo y más allá. Sin embargo, nos está costando precisar cuánto aumentará la temperatura: ¿otro grado más, quizá? ¿O serán dos, tres, o cuatro? La respuesta depende en muy buena medida de las nubes. El cambio climático está modificando su distribución en la atmósfera, algo que podría contribuir a que el calentamiento global se frene... o a que se acelere.

Grandes equipos de expertos han creado más de veinte modelos climáticos ricos en detalles y los han puesto a prueba cotejándolos con vastos conjuntos de datos. Sin embargo, si bien todos los modelos muestran una Tierra que se calienta como resultado de las actuales emisiones de gases de efecto invernadero, unos y otros discrepan obstinadamente en lo referente a la nubosidad. Esa situación ha comenzado a cambiar. Las simulaciones de los efectos de las nubes empiezan a coincidir. ¿Nos dan una nueva esperanza o empeoran nuestros miedos?

Retroalimentación grande o pequeña

Imaginemos la Tierra justo antes de la Revolución Industrial. Pese a la tala de bosques, el valor de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera se ha mantenido estable en 280 partes por millón (ppm) durante miles de años. Pero entonces apareció el motor de combustión interna: a finales del siglo XX las concentraciones de CO2 habían aumentado, lo que afectó a todo el sistema planetario. La troposfera, la capa que alberga el aire que respiramos, se está calentando. En 2017, la concentración de CO2 rebasaba las 400 ppm. Los continentes también se están calentando, al igual que los océanos. La circulación del aire y el vapor de agua en la atmósfera está comenzando a cambiar. Si se mantiene la tendencia actual, la concentración de CO2 atmosférico doblará el valor preindustrial a mitad del presente siglo, lo que acentuará el calentamiento. Finalmente, al cabo de varios centenares de años, se alcanzará un nuevo equilibrio a una temperatura mayor.

La respuesta planetaria a la duplicación de la concentración de dióxido de carbono se conoce como «sensibilidad climática de equilibrio». Todos los modelos coinciden en que su valor es superior a cero y, por tanto, cabe esperar cierto calentamiento. Según las predicciones, el grado de calentamiento oscilará entre 2 y 4,5 grados aproximadamente; es decir, entre lo significativo y lo catastrófico.

Los modelos no concuerdan entre sí debido, sobre todo, a sus discrepancias respecto al comportamiento futuro de la nubosidad. Si entendiésemos mejor las nubes podríamos estrechar ese intervalo y hacer predicciones más precisas. Pero es difícil ser exactos al respecto por dos razones: por un lado, el calentamiento afecta de distinta manera a diferentes tipos de nubes; por otro, la alteración de la nubosidad tiene distintas repercusiones en el calentamiento.

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