Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Fracturas en cascada

Si uno comba un objeto alargado más allá de su límite de ruptura, casi siempre se partirá en más de dos trozos. ¿A qué se debe?

Al quebrar un puñado de espaguetis suelen salir volando varios trozos de poco tamaño. [H. JOACHIM SCHLICHTING]

Un gran fresno que hay en mi vecindario me proporciona con regularidad ramas muertas que resultan ideales para encender la chimenea. Son lo suficientemente gruesas, están secas y se quiebran con facilidad. Esto último, en particular, lleva asociado un curioso fenómeno: si agarramos uno de esos palos por ambos extremos y lo doblamos hasta alcanzar el punto de fractura, rara vez se romperá en solo dos trozos, sino que lo hará casi siempre en tres. Este fenómeno, poco comprendido hasta hace poco, no solo ocurre con las ramas de fresno secas, sino con cualquier palo o barra sometido a una deformación intensa.

Una situación cotidiana en la que podemos observar dicho comportamiento es cuando, para cocer pasta, nos disponemos a partir un puñado de espaguetis para ajustarlos al diámetro de la olla. Este ejemplo ha alcanzado cierta notoriedad debido a que el célebre Richard Feynman llevó a cabo el experimento, pero no fue capaz de averiguar por qué, además de espaguetis partidos más o menos por la mitad, aparecían tantos trozos de poco tamaño. Aquel episodio revalorizó este mundano incidente culinario y el fenómeno se convirtió en objeto de investigaciones serias. La solución no llegaría hasta muchos años más tarde, con ayuda de simulaciones y fotografías de alta velocidad.

Fractura y rebote

Si observamos de cerca el modo en que se astillan los espaguetis, nos percataremos de que, por lo general, no se quiebran exactamente por su punto medio —donde están más curvados y experimentan la mayor tensión—, sino un poco más allá. Esto puede verificarse a posteriori, poniendo los pedazos uno al lado de otro. La causa de esta asimetría estriba en que los espaguetis no tienen una forma perfectamente cilíndrica ni están hechos de una masa cien por cien homogénea. Por tanto, ceden antes allí donde presentan «defectos de fabricación», donde el efecto conjunto de la tensión aplicada y la fragilidad del material es máximo. Así pues, hasta esta primera ruptura, la explicación resulta intuitiva.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.