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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2018Nº 497
Panorama

Paleontología

Historias de mutualismo fosilizadas

El ámbar cretácico de España revela primitivas asociaciones entre plantas e insectos.

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Hace 105 millones de años, Iberia era una isla con un paisaje y una fauna muy diferentes a los actuales. Había dinosaurios y los bosques empezaban a cambiar de aspecto, a adquirir color. Existían grandes extensiones dominadas por bosques de coníferas y otras gimnospermas (grupo de plantas sin flores, con el fruto desnudo), como ginkgos, cicadales y bennettitales. Conviviendo con ellas se mezclaban de forma puntual las angiospermas (plantas con flores), que pocos millones de años más tarde acabarían dominando la vegetación terrestre hasta nuestros días. En tales bosques había árboles que rezumaban resina que, con el tiempo, se transformaría en el ámbar que hoy encontramos. Este corresponde a resina fosilizada que fue liberada en el pasado por diferentes familias de coníferas, algunas de las cuales se extinguieron.

Cuando la planta produce resina, esta permanece pegajosa durante cierto tiempo, entre unos pocos días y algunas semanas. En ese período, una gran variedad de pequeños organismos pueden quedar atrapados y, más tarde, si se dan las condiciones necesarias de fosilización, se conservan durante miles o millones de años. El ámbar es el mejor conservador de fósiles que se conoce en el registro geológico. No solo preserva la estructura tridimensional del ser vivo, sino también los órganos más frágiles, como los ojos y las antenas, y, en ocasiones, los tejidos, como la musculatura.

Los restos de organismos incluidos en ámbar más antiguos corresponden al Triásico, hace unos 230 millones de años, y se descubrieron en Italia. Sin embargo, no es hasta el Cretácico cuando se hallan yacimientos de ámbar con abundantes bioinclusiones (restos de organismos). Después de los del Líbano (de unos 130 millones de años), figuran numerosos yacimientos en España, datados en unos 105 millones de años, seguidos por los de otras partes del mundo, pertenecientes a épocas geológicas posteriores.

Las investigaciones realizadas por nuestro grupo, denominado AMBARES (acrónimo de ámbares de España), en dos de los yacimientos de ámbar más importantes de España ayudan a comprender los ecosistemas terrestres del pasado y a conocer cuándo y cómo se originaron algunas de las relaciones ecológicas más relevantes de nuestros días. Destacamos dos de esas conductas: el camuflaje y la polinización entomófila (realizada por insectos).

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