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Actualidad científica

  • 21/02/2018 - Astronomía

    La tormenta que se muere en Neptuno

    En solo tres años, una tormenta del hemisferio sur de Neptuno se ha encogido visiblemente y seguramente desaparecerá por completo enseguida. Comparte así la suerte de otras cuatro grandes tormentas que solo perduraron unos años.

  • 21/02/2018 - Energía

    Un nuevo enfoque para las baterías recargables

    Una membrana en forma de red metálica permite resolver un antiguo problema del que adolecían las baterías de electrodo fundido. El hallazgo augura una nueva vía para el almacenamiento de energía solar y eólica.

  • 20/02/2018 - Geofísica

    Coros y auroras (con un vídeo)

    Una teoría explicaba un tipo de auroras boreales y australes que presentan características periódicas. Un satélite artificial japonés ha comprobado que es correcta. Un vídeo creado por los científicos del proyecto exhibe representaciones de los «sonidos» de las ondas electromagnéticas, conocidas como «coro» o «estribillo», que intervienen en el fenómeno y de las trayectorias de los electrones generadores de esas auroras.

  • 20/02/2018 - Párkinson

    ¿El ion calcio favorece el desarrollo de la enfermedad de Parkinson?

    El catión, además de modular la interacción entre las vesículas sinápticas y la alfa-sinucleína, podría promover la agregación de esta proteína.

  • 19/02/2018 - Materiales

    Las fibras de seda pueden confinar la luz

    El hallazgo promete aplicaciones en ingeniería, biomedicina y el diseño de metamateriales.

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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2018Nº 497

Medicina tropical

La enfermedad de Chagas, un reto global

Aunque endémica de América Latina, la dolencia ha llegado a Europa y otras partes del mundo. Ponerle freno exige mejorar el diagnóstico de las personas afectadas y favorecer su acceso al tratamiento.

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Recientemente conocimos el caso de Mayerlin, una niña de siete años que no debería haber contraído el chagas. Mayerlin vive en el sur de Bolivia, una zona de alta prevalencia de la enfermedad. Un 60por ciento de la población se halla amenazada por la picadura de un insecto hematófago, Triatoma infestans, que allí llaman vinchuca. La amenaza en sí reside en el parásito que transmite dicho insecto cuando pica a las personas. Se trata de Trypanosoma cruzi, un organismo unicelular que cada año provoca la infección de Chagas a unas 39.000 personas en todo el mundo. Ellas, igual que Mayerlin, tampoco deberían haber contraído una dolencia que, con unas medidas adecuadas, podían haber evitado.

La vinchuca es traicionera porque se esconde entre las grietas de las paredes de adobe u otros materiales que se emplean en las construcciones precarias de la región. Pica a sus víctimas cuando estas duermen y defeca cerca de la picadura. A diferencia de lo que ocurre en otras enfermedades, el parásito no se halla en las glándulas salivales del insecto, sino en sus heces. Penetra en el organismo humano a través de las mucosas o de pequeñas discontinuidades en la piel (como diminutas heridas). Desde ese lugar, invade a las células de los tejidos contiguos e inicia una parte importante de su ciclo biológico.

Mayerlin no habría contraído la infección si los programas de control vectorial, encargados de fumigar las viviendas periódicamente para eliminar las vinchucas, hubiesen funcionado. Según los padres de Mayerlin, hacía más de dos años que no se fumigaba en la casa. Cuando la madre se puso a buscar vinchucas en las paredes, no tardó ni cinco minutos en encontrar una. No en vano, ha sido el control vectorial el que en los últimos años ha permitido avanzar más y reducir de forma drástica el número de infecciones nuevas.

La enfermedad de Chagas, que afecta a más de 6 millones de personas y mata a 7000 cada año en todo el mundo, es endémica en América Latina. Sin embargo, debido a los flujos migratorios, la dolencia puede propagarse a otras regiones. De ahí que el número de casos en zonas no endémicas haya ido en aumento en los últimos decenios. Para frenarla se necesita una respuesta coordinada de los sistemas sanitarios de numerosos países. No es de extrañar, pues, que su control se halle entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Tampoco lo es que, entre las 18 enfermedades que la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica como enfermedades tropicales desatendidas, la de Chagas sea una de las que exige más esfuerzos para cumplir con los compromisos de la Declaración de Londres, de 2012, con vistas al control y eliminación en 2020 de dichas enfermedades.

Para acabar con el chagas, o mantenerlo bajo control, se necesitan varias estrategias fundamentales: la eliminación o control del vector (el insecto transmisor), la supervisión de los bancos de sangre y de los programas de trasplante, y la prevención de la transmisión congénita (de madres a hijos), así como el diagnóstico y tratamiento de las personas afectadas.

Con el fin de hacer frente a la enfermedad en todo el mundo, seis instituciones internacionales (la Fundación Ciencia y Estudios Aplicados para el Desarrollo en Salud y Medio Ambiente, o CEADES; el Instituto de Salud Global, o ISGlobal, integrado en el Hospital Clínico de Barcelona; la Fundación Mundo Sano; la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas, o DNDi; la Escuela de Medicina de Baylor; y el Hospital Pediátrico de Texas), a las que después se unieron otras, crearon la Coalición Global de Chagas. Sus objetivos principales son fortalecer el intercambio de conocimiento, sensibilizar a la población sobre la enfermedad y ejercer una mayor presión política para introducir cambios en los sistemas sociales. Desde esta alianza sin precedentes en la historia del chagas, hemos elaborado varias propuestas para mejorar la prevención y hemos insistido en que el diagnóstico y el tratamiento de las personas con la infección se realicen lo antes posible. Los datos cosechados por la Coalición indican que tales estrategias han mejorado la situación del chagas en el mundo, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

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