Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Febrero de 2018
Historia de la ciencia

Los peligros del plomo en España

Los intentos históricos de legislar su uso dejan entrever los conflictos entre los intereses económicos y la salud pública.

La Real Cédula de 1801 se distribuyó y se mandó imprimir en todas las grandes ciudades. Aquí se reproduce un ejemplar impreso en Segovia, que puede consultarse completo en la Biblioteca digital de la Universidad Autónoma de Barcelona (https://ddd.uab.cat/record/61918). [BIBLIOTECA DIGITAL DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA]

A finales de 1800, la muerte repentina en Madrid de la marquesa de la Merced, mujer del embajador en Roma, Antonio Vargas y Laguna, desencadenó una serie de pesquisas por parte del Consejo de Castilla, con la participación de los más famosos médicos de la Corte. Este incidente acabaría produciendo la más importante legislación del Antiguo Régimen en torno a los peligros del plomo. Los peritos concluyeron que el accidente fue debido al consumo de alimentos almacenados en vasijas de barro vidriado con plomo. Siguiendo sus informes, y ampliando el abanico de casos peligrosos, el Consejo de Castilla promulgó en 1801 una Real Cédula destinada a «evitar los perjuicios que causan a la salud las vasijas de cobre, el plomo que contienen los estañados, las de estaño que tienen mezcla de plomo y los malos vidriados de las de barro». La reglamentación fue inspirada por las investigaciones realizadas en la década de 1790 en la Academia de Medicina de Madrid por el médico Ignacio Ruiz de Luzuriaga, autor de un estudio detallado sobre los cólicos de Madrid.

En los años siguientes surgieron nuevas propuestas elaboradas por químicos famosos residentes en Madrid. Pedro Gutiérrez Bueno, profesor de química del Colegio de Cirugía, abogó por un uso temprano del cinc como sustitutivo del plomo, pero problemas semejantes a los descritos por Judith Rainhorn (véase el artículo principal) impidieron el desarrollo de la propuesta. Por su parte, el químico francés Louis Proust, por entonces director del Laboratorio Real de Madrid, adoptó las tendencias francesas de esos años y, en un largo informe de 1803, minimizó los peligros de la intoxicación mediante experimentos realizados en su laboratorio de Madrid. Proust desdeñó la propuesta de Gutiérrez Bueno por considerarla inviable, tanto técnica como económicamente, y sugirió seguir empleando los compuestos de plomo, aunque con ciertas precauciones.

Artículo incluido en

La tardía prohibición de la cerusa

    • Judith Rainhorn

En el siglo XIX ya no se dudaba de la toxicidad de este pigmento, muy empleado en la pintura de paredes. ¿Por qué, entonces, siguió siendo legal en Europa hasta 1993?

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.