ARN

En todas las células, la información genética almacenada en el ADN se convierte en proteína con el concurso del ARN. Para llevar a cabo su función, éste sufre grandes modificaciones. Los primeros genes pudieron ser trozos de ARN.

En todas las células vivas la síntesis de proteínas está dirigida por la información genética almacenada en el ADN. En la transferencia de información media el ácido ribonucleico o ARN. El mensaje contenido en el ADN se transcribe en una molécula de ARN mensajero y se lleva a unas estructuras denominadas ribosomas. Allí se traduce en proteínas específicas con la ayuda del ARN transferente, que transporta aminoácidos y los va engarzando en la cadena proteínica que se está formando. Los ribosomas albergan, a su vez, un tercer tipo de ARN, que le sirve de componente estructural. En cualquiera de estas tres funciones, el ARN resulta tan decisivo para el funcionamiento normal de una célula como lo puedan ser el ADN y las proteínas. De hecho, es la molécula «puente» entre ambas. Si no fuese por el ARN, el mensaje genético nunca llegaría a expresarse.

La expresión de genes diversos, y por tanto la síntesis de proteínas diferentes, es lo que distingue a una célula del cerebro de una célula muscular. Aunque hablando en términos generales todas las células de un individuo contengan el mismo ADN, no todos los genes están activos en todas las células. En los años 60, el interés por conocer cómo se controlaba la expresión de los genes llevó a un grupo de investigadores a centrarse en los estudios sobre la síntesis de ARN, fundamentalmente de ARN mensajero (ARNm). Se daba en aquella época por sentado que una molécula de ARNm era una simple transcripción de un segmento concreto de ADN. De acuerdo con esa idea, el control de la expresión de los genes se basaba exclusivamente en la decisión de cuál de ellos debía transcribirse.

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