Moléculas de la membrana celular

Forman espontáneamente un líquido bidimensional que controla cuanto entra y sale de la célula. Algunas células reciclan una zona de membrana equivalente a su superficie en menos de una hora.

La organización de la actividad química en todas las células superiores depende en gran parte de la compartimentación proporcionada por las membranas biológicas. Los sillares de las membranas son una clase de moléculas llamadas lípidos, que gracias a las interacciones que establecen entre sí en un medio acuoso forman un compartimento cerrado y flexible. Empotradas en la matriz lipídica encontramos muchos tipos diferentes de moléculas proteicas, que confieren, a cada tipo de membrana, su identidad distintiva y llevan a cabo sus funciones especializadas. La misión primaria de toda membrana es, por tanto, separar lo que ella encierra del entorno limitante con la misma. Dentro de la célula, por ejemplo, las membranas aíslan las reacciones químicas que se desarrollan en el seno de cada orgánulo intracelular. La propia célula queda encapsulada por su propia membrana celular: la membrana plasmática. De todas, la plasmática es la membrana que se conoce mejor. A ella dedicaremos el grueso de nuestra exposición.

Si en la célula han de penetrar nutrientes o si la han de abandonar los materiales de desecho, es obvio que unos y otros habrán de cruzar la barrera creada por la matriz lipídica de la membrana plasmática. El paso se suele realizar contando con la mediación de moléculas proteicas globulares que salvan la membrana plasmática y catalizan la transferencia de nutrientes específicos y moléculas de desecho. Sin embargo, algunos de los nutrientes requeridos por las células eucarióticas son demasiado grandes para transportarlos así a través de la membrana. En ese caso, ciertas moléculas proteicas receptoras, ancladas por su cola en la membrana plasmática, se unen a los nutrientes del entorno ambiental. Mediante un proceso llamado endocitosis, se desarrollan unas cavidades («caveolas») en la membrana que engullen a muchas de estas moléculas receptoras y los nutrientes unidos a ellas. A los nutrientes en este estado se les llama ligandos. Las caveolas se cierran, desprendiéndose de la membrana y emigrando hacia el interior celular, formando así vesículas en el citoplasma (fluido interno de la célula). Al mismo tiempo, vesículas que provienen del interior de la célula se fusionan con la membrana plasmática y expulsan sus contenidos al entorno ambiental. Tales invaginaciones y fusiones hacen circular repetidamente la membrana desde la superficie de la célula hasta su interior, y a la inversa. Cada 50 minutos, una extensión de la membrana equivalente a la totalidad de la superficie celular toma parte en el ciclo.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.

Responsable: Prensa Científica, S.A. Finalidad: enviarle por correo electrónico los boletines que haya solicitado recibir. Derechos: tiene derecho a acceder, rectificar y suprimir sus datos, así como a otros derechos, como se explica en la información adicional y detallada que puede consultar en nuestra Política de Privacidad.