Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Abril de 2013
Microbiología

Cables eléctricos bacterianos

Las reacciones geoquímicas en la superficie de los sedimentos marinos se acoplan con las de las capas más profundas mediante filamentos bacterianos.

NATURE

Hace tan solo unos años, cualquier sugerencia de que los microorganismos pudieran funcionar como cables conductores de más de un centímetro de longitud, y así transmitir corrientes eléctricas, se habría recibido con escepticismo. Pues bien, Christian Pfeffer, de la Universidad de Aarhus, y sus colaboradores han demostrado ese fenómeno en un artículo publicado en noviembre de 2012 en la revista Nature. Los investigadores han observado que en los sedimentos marinos cuyas reacciones geoquímicas están acopladas mediante corrientes eléctricas abundaba un grupo de bacterias filamentosas hasta ahora desconocido.

Parte del oxígeno atmosférico disuelto en las aguas oceánicas se difunde hacia los sedimentos y crea una región óxica que favorece el crecimiento de microorganismos aerobios. Estos consumen el oxígeno con rapidez, que emplean como aceptor final de los electrones generados durante la descomposición de materia orgánica. El consumo de oxígeno es tan rápido que se agota antes de que pueda difundirse por completo en los sedimentos. Ese proceso microbiano estratifica los sedimentos en una capa superficial con oxígeno (la zona óxica) y una capa inferior sin oxígeno mucho más profunda (la zona anóxica). Esta última alberga microbios anaerobios que utilizan otros aceptores de electrones finales, como el sulfato (SO42–), para satisfacer sus demandas metabólicas y energéticas. El empleo de sulfato como aceptor de electrones metabólicos genera sulfuro de hidrógeno (H2S), un gas especialmente tóxico para los microorganismos aerobios. Pero la concentración de ese gas se controla gracias a la actividad de ciertos microorganismos que lo convierten en sulfato u otros compuestos oxidados de azufre. Su acción evita el ascenso del sulfuro de hidrógeno hasta la zona óxica y mantiene una separación de milímetros, o incluso centímetros, entre ambas.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.