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1 de Abril de 2013
Fisiología

Efecto del deporte en el cerebro

Wikimedia Commons/Keith Allison/CC-BY-SA-2.0

El casco protege la cabeza de los jugadores de fútbol americano y de los soldados, pero no puede evitar del todo los daños del cerebro al golpearse contra el cráneo después de un impacto. Una serie de estudios han relacionado este tipo de traumas repetitivos con una devastadora enfermedad cerebral. El 2 de diciembre de 2012, un grupo de investigadores de la facultad de medicina de la Universidad de Boston, el Departamento de Asuntos de los Veteranos de los Estados Unidos y otras instituciones publicaron sus resultados en línea en la revista Brain sobre los cambios provocados por la encefalopatía traumática crónica (ETC). El análisis ofrece la descripción más detallada hasta el momento de la patología y sus diferencias con otras dolencias neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer.

Los investigadores analizaron muestras cerebrales procedentes de autopsias de 85 personas, incluidos deportistas y excombatientes con antecedentes de lesiones cerebrales traumáticas. Las muestras revelaron el curso progresivo de la enfermedad en el cerebro, con la presencia de marañas de proteínas tau, un indicio de deterioro cognitivo que está asociado también a la enfermedad de Alzheimer. En la ETC, sin embargo, las marañas aparecen en regiones distintas del cerebro y se extienden de una forma irregular característica. Las anomalías iniciales parecen reflejar la lesión física, y el trabajo con modelos animales sugiere que el avance de la enfermedad puede guardar relación con los intervalos entre lesiones: cuando el tiempo transcurrido no es suficiente para que el tejido se cure, cada impacto posterior daña aún más el cerebro.

El estudio refuerza la idea de que las lesiones cerebrales presentes en los deportistas contribuyen a esta enfermedad. De las 85 personas analizadas, 68 habían sufrido ETC y, de estas últimas, 64 habían jugado a deportes de contacto, como el fútbol americano o el hockey. Sin embargo, el estudio no explica por qué otras personas con antecedentes similares carecen de los signos de la enfermedad. Ann McKee, neuropatóloga del Centro Médico de Veteranos Bedford, en Massachusetts, y autora del estudio, señala la urgencia de realizar más investigaciones para averiguar la causa, tal vez de origen genético, de la predisposición de algunas personas a sufrir ETC.

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