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1 de Abril de 2013
Neurociencia

El archivo de la memoria

Cada concepto, persona o elemento de nuestra vida cotidiana podría tener asignado un grupo de neuronas.

Wikimedia Commons/MethoxyRoxy/CC BY-SA 2.5

En síntesis

Durante decenios, los neurocientíficos han venido debatiendo sobre el modo en que se almacenan los recuerdos. La polémica gira hoy en torno a dos teorías. Una de ellas propone la existencia de neuronas individuales que guardan el recuerdo, por ejemplo, de nuestra abuela o una famosa actriz.

La otra teoría afirma que cada recuerdo se halla distribuido a lo largo de millones de neuronas. Experimentos recientes realizados durante neurocirugías han puesto de manifiesto la implicación de grupos reducidos de neuronas de ciertas regiones cerebrales en la codificación de los recuerdos.

Esos pequeños grupos de células representarían a su vez distintas variaciones de un solo concepto, como la imagen del rostro de nuestra abuela o de su cuerpo entero, o bien la visión frontal o de perfil, e incluso la voz, de una estrella de cine como Jennifer Aniston.

El brillante neurocirujano ruso Akakhi Akakhievitch tuvo un paciente que quería olvidar a su autoritaria e insufrible madre. Deseoso de ayudarle, Akakhievitch abrió el cerebro del paciente y, una por una, fue extirpando varios miles de neuronas relacionadas con el concepto de la progenitora. Cuando el paciente despertó de la anestesia, había perdido toda noción sobre su madre. Todos los recuerdos acerca de ella, buenos y malos, se habían esfumado. Lleno de júbilo por su éxito, Akakhievitch dirigió la atención al siguiente reto: la búsqueda de las células asociadas al recuerdo de «la abuela».

La historia, por supuesto, es ficción. El difunto neurocientífico Jerry Lettvin (que, al contrario que Akakhievitch, sí fue real) contó ese relato a un grupo de estudiantes en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en 1969. Con él quería ilustrar la idea sugestiva de que un grupo reducido de neuronas, unas 18.000, pudiera constituir la base de cualquier experiencia consciente, pensamiento o recuerdo de un familiar o de cualquier otra persona u objeto. Lettvin nunca demostró ni refutó su audaz hipótesis y, durante más de 40 años, los científicos han estado debatiendo, casi siempre en broma, sobre las «células de la abuela».

La idea de neuronas que almacenan recuerdos de modo tan específico se remonta a William James, quien a finales del siglo XIX concibió las «células pontificias», a las cuales se vincularía nuestra consciencia. Sin embargo, la existencia de esas células va en contra de la corriente dominante, según la cual la percepción de cualquier individuo u objeto se realiza mediante la actividad conjunta de muchos millones (incluso miles de millones) de células nerviosas, un fenómeno que el premio nóbel Charles Sherrington denominó en 1940 «democracia de millones». De ser así, la actividad de una sola neurona resultaría inapreciable. Solo la colaboración de enormes poblaciones generaría un significado.

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