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1 de Abril de 2013
Medicina

El mito de los antioxidantes

Nuevos experimentos contradicen ideas tan veneradas como que el daño oxidativo provoca el envejecimiento o que las vitaminas podrían preservar nuestra juventud.

Wikimedia Commons/Penny Greb/Dominio-público

En síntesis

Durante décadas se ha creído que los radicales libres, unas moléculas muy reactivas, provocaban el envejecimiento al dañar las células y deteriorar el funcionamiento de tejidos y órganos.

Sin embargo, algunos experimentos recientes demuestran que, en ratones y gusanos, el aumento de ciertos radicales libres se asocia a una vida más larga. De hecho, en determinadas circunstancias, inducirían la puesta en marcha de los sistemas de reparación celular.

De confirmarse esos resultados, ello significaría que la ingesta de antioxidantes en forma de vitaminas u otros tipos de suplemento causa más trastornos que beneficios en individuos que, por lo demás, están sanos.

La vida de David Gems dio un vuelco en 2006 al descubrir un grupo de gusanos que se mantenían con vida en contra de todo pronóstico. Como ayudante del director del Instituto para el Envejecimiento Saludable de la Universidad de Londres, Gems estaba realizando experimentos con Caenorhabditis elegans, un nemátodo que suele utilizarse para estudiar la biología del envejecimiento. Deseaba verificar si la acumulación de daños celulares causados por la oxidación (la extracción química de los electrones de una molécula por parte de compuestos muy reactivos, como los radicales libres) era el principal mecanismo responsable del envejecimiento. Según esa teoría, la oxidación descontrolada destruye con el tiempo más y más lípidos, proteínas, fragmentos de ADN y otros componentes cruciales de las células hasta que, en última instancia, se acaban poniendo en peligro los tejidos y órganos y, por tanto, el funcionamiento general del organismo.

Gems creó nemátodos transgénicos carentes de ciertas enzimas que actúan como antioxidantes naturales al desactivar los radicales libres. Esperaba que, en ausencia de antioxidantes, los niveles de radicales libres en los gusanos se dispararían y desencadenarían reacciones oxidativas potencialmente perjudiciales en todo el cuerpo.

Sin embargo, en contra de las expectativas de Gems, los gusanos mutantes no morían de forma prematura. En vez de ello, vivían tanto como los animales normales. El investigador estaba desconcertado. Obviamente, algo había fallado. Le pidió a un colaborador de su laboratorio que comprobase los resultados y repitiese el experimento. Nada cambió. Los gusanos experimentales no producían los antioxidantes; acumulaban radicales libres, como era de esperar, pero no morían jóvenes, a pesar de verse sometidos a un daño oxidativo extremo.

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