Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2013Nº 439
Foro científico

Cambio climático

La espiral de muerte del Ártico

La geoingeniería podría representar la mejor alternativa para salvar lo que queda del hielo marino.

Menear

En verano de 1970 visité el Ártico por primera vez a bordo del buque oceanográfico canadiense Hudson, cuando este realizaba la primera circunnavegación de las Américas. El buque estaba reforzado para romper el hielo y había razones para ello. A lo largo de las costas de Alaska y los Territorios del Noroeste, el hielo del océano Ártico flotaba próximo al continente y nos concedía una franja de escasas millas para realizar nuestras investigaciones. En ocasiones, el hielo se extendía hasta alcanzar la orilla. Todo aquello entraba dentro de la normalidad.

Cualquier buque que hoy se adentre en el Ártico desde el estrecho de Bering en verano, se encontrará ante un océano de aguas abiertas. El agua se extiende hasta latitudes septentrionales considerables y no alcanza el polo norte por apenas unas millas. Visto desde el espacio, el polo terrestre ha dejado de ser blanco para teñirse de azul. Sin embargo, la situación es más alarmante de lo que las apariencias podrían indicar. La cubierta de hielo que aún persiste es delgada: las lecturas de sónar indican que el espesor medio ha menguado un 43 por ciento entre 1976 y 1999. De continuar a este ritmo, hacia 2005 el deshielo estival superará la formación de nuevo hielo en invierno y la cubierta de hielo colapsará en su totalidad. Una vez que el hielo estival desaparezca por completo, los principios físicos del calor latente harán muy difícil, si no imposible, que reaparezca. Habremos caído en lo que Mark C. Serreze, director del Centro Nacional de Hielo y Nieve de la Universidad de Colorado en Boulder, denomina la «espiral de la muerte» del Ártico.

Puede conseguir el artículo en: