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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2013Nº 439
Apuntes

Astronomía

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La teoría de los anillos

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Como dijo Carl Sagan, «si quieres hacer un pastel de manzana desde cero, primero debes inventar el universo». Y si quieres hacer una luna desde cero, según investigaciones recientes, primero debes crear planetas con anillos —después de inventar el universo, por supuesto.

La Luna de la Tierra podría haberse formado a partir de un sistema de anillos desaparecido hace mucho tiempo, similar a los anillos que rodean Saturno en la actualidad; lo mismo sucede con muchos de los satélites que orbitan en torno a los demás planetas. La mayor parte de los satélites regulares del sistema solar, aquellos que se mantienen cerca de su planeta en órbitas aproximadamente ecuatoriales, se originaron de esta manera, en lugar de surgir simultáneamente a los planetas como resultado directo de la formación planetaria, según las conclusiones de un grupo de astrofísicos franceses. Los investigadores describieron sus hallazgos en el número de noviembre de 2012 de Science.

A través de modelos teóricos, Aurélien Crida, de la Universidad Sophia-Antipolis de Niza, y Sébastien Charnoz, de la Universidad Diderot de París, han descubierto que el proceso de formación lunar comienza en el extremo de un anillo planetario, donde un satélite puede constituirse sin ser despedazado por la atracción gravitatoria del planeta. Allí van surgiendo pequeñas lunas a partir del material que compone el anillo, antes de emigrar hacia el exterior. A medida que el sistema de anillos expulsa una pequeña luna tras otra, las mismas se fusionan para formar lunas mayores, que también pueden fusionarse a su vez, conforme se van alejando del planeta en una trayectoria en espiral.

Ello explicaría un elemento clave que es común a los satélites regulares de Saturno, Urano y Neptuno: las lunas situadas más lejos de su planeta respectivo tienden a tener una masa superior a las de sus vecinas de las regiones inferiores. Como una bola de nieve que rueda ladera abajo, las lunas que se forman se hacen cada vez mayores a medida que se alejan del planeta y sus anillos, fusionándose una y otra vez. El resultado final es un sistema de satélites bien ordenado, con pequeñas lunas en la zona interior, formadas a partir de un número reducido de fragmentos, y grandes lunas en el exterior, creadas a partir de numerosos satélites.

Los planetólogos suelen pensar que un impacto gigante sufrido por la Tierra recién formada emitió una gran nube de materiales que se convirtió en nuestra Luna. Según la teoría de Crida y Charnoz, esos materiales primero se convirtieron en un anillo en torno al planeta, el cual luego se extendió y se congregó para dar lugar a la Luna.

La nueva hipótesis no carece de problemas. Por ejemplo, si una vez hubo grandes sistemas de anillos similares a los de Saturno en torno a Neptuno y Urano, ¿dónde están ahora? «Tenemos algunas ideas, pero ninguna convincente», señala Crida. «Sin embargo, creo que podemos encontrar buenas razones para la desaparición de los anillos, y los satélites constituyen un buen indicio.»

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