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1 de Septiembre de 2019
Biomecánica

Caer por la ciencia

Una traicionera cinta de correr provoca traspiés para estudiar el equilibrio.

Los investigadores lograron provocar 190 traspiés. [SHANE KING Y MAURA EVELD, UNIVERSIDAD VANDERBILT]

Uno de los participantes del estudio camina con paso enérgico sobre una cinta de correr. Las cámaras de vídeo van registrando cada uno de sus movimientos cuando, de repente, aparece en su camino un bloque de metal de 16 kilogramos. Unas gafas especiales le impiden verlo y tropieza, tambaleándose hacia adelante hasta que lo retiene un arnés de seguridad. Se ha producido una caída, pero aún faltan decenas de ellas.

Un grupo de investigadores ha desarrollado esta traicionera cinta de correr para estudiar cómo recuperamos el equilibrio después de tropezar. Hasta ahora se sabía que, para conseguirlo, solemos dar un paso exageradamente grande, lo que permite que el sistema nervioso central reoriente el centro de gravedad del cuerpo sobre un apoyo estable, explica Michael Goldfarb, ingeniero mecánico de la Universidad Vanderbilt y coautor del estudio. Sin embargo, «la forma en que lo hacemos depende de la configuración que tuviera nuestro cuerpo en el momento de tropezar», añade el experto.

Las personas con piernas protésicas a menudo experimentan dificultades para recuperarse de los traspiés y, como consecuencia, caen con mucha más frecuencia que la población general. Entender cómo tropiezan y se recuperan quienes se apoyan sobre las dos piernas podría ayudar a los investigadores a diseñar mejores prótesis.

Para provocar un auténtico tropezón, los investigadores debían interponer los pesados bloques de manera sorpresiva. El aparato de Goldfarb y sus colaboradores, descrito en junio en Journal of NeuroEngineering and Rehabilitation, funciona porque es capaz de colocar un bloque pesado sobre la cinta de correr con tanta delicadeza que los participantes no lo perciben hasta que ya han trastabillado. Un algoritmo determina dónde colocar el bloque para que los investigadores puedan observar la respuesta a los traspiés en las diferentes fases de la marcha de una persona.

La sorpresa es un elemento clave. No obstante, según señala Mark Grabiner, biomecánico de la Universidad de Illinois que no participó en el trabajo, los participantes de este tipo de estudios suelen saber que tarde o temprano tropezarán, lo que puede alterar los resultados. En el pasado, este problema se ha abordado de distintas maneras, en ocasiones llegando a ocultar a los sujetos que estaban tomado parte en un ensayo de pérdida del equilibrio. El diseño subrepticio del nuevo trabajo representa «una mejora con respecto a las tecnologías existentes», opina el experto.

Goldfarb adelanta que, en la siguiente fase del estudio, su equipo usará los datos de los traspiés para programar en las extremidades protésicas respuestas reflejas a distintos tipos de trompicones.

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