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En «Valor facial» [Investigación y Ciencia, abril de 2019], Doris Y. Tsao describe la técnica empleada por ella y sus colaboradores para predecir la manera en que las neuronas especializadas en reconocimiento facial responden ante una cara. A tal fin, emplean 50 coordenadas, o dimensiones, para parametrizar la forma y el aspecto de un rostro.

Algo intrigante y que no se comenta en el artículo es el número de «estados faciales» discernibles a los que da lugar dicha parametrización. Por poner un ejemplo, sin más que distinguir entre un valor nulo y otro máximo para cada coordenada, en un espacio de 50 dimensiones tendríamos 250 ≈ 1015 estados faciales distintos. Ello parece superar con creces el número de individuos que jamás podrá reconocer una persona, y plantea la pregunta de por qué la evolución dio lugar a esa capacidad aparentemente excesiva de distinguir rostros.

Terry Goldman
Laboratorio Nacional de Los Álamos
Nuevo México

RESPONDE TSAO: Relacionar las características de ruido de las neuronas con la capacidad para distinguir caras es una idea interesante. No estoy segura de que haya una discrepancia entre el número de estados neuralmente distinguibles y nuestra capacidad para percibirlos: como demuestra la existencia de la cirugía plástica, cada uno de nosotros puede discernir diferencias extremadamente finas en el rostro de una persona.

Por qué nuestro cerebro evolucionó para representar caras mediante esas coordenadas es una pregunta profunda y abierta. Una posible respuesta es que la tarea fundamental del cerebro no es tanto lograr objetivos ad hoc, como distinguir las caras de las personas que conocemos, sino construir modelos eficientes del mundo. Y, en el caso del reconocimiento facial, la mejor manera de conseguirlo podría ser extraer esos parámetros para la forma y el aspecto de un rostro. Lo que sí sabemos es que, con 50 parámetros para la forma y la apariencia, somos capaces de recrear una cara.

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