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1 de Septiembre de 2019
Historia de la ciencia

El Nobel de los Curie

De las dificultades de experimentar con muestras radiactivas a las de obtener el reconocimiento científico de las mujeres.

Marie y Pierre Curie, junto a Henri Becquerel, 1898. [COLECCIÓN WELLCOME]

Cuando el siglo XIX daba sus últimos coletazos, se extendió entre los físicos la idea de que con la dinámica newtoniana y la electrodinámica de Maxwell quedaban completas las bases teóricas para describir la naturaleza. Así, se adjudican al físico estadounidense Albert Abraham Michelson —que fue, en 1907, el primer estadounidense en recibir el Nobel de física— unas frases que aparentemente pronunció el 2 de julio de 1894: «Parece probable que la mayoría de los grandes principios básicos hayan sido ya firmemente establecidos y que haya que buscar los futuros avances sobre todo mediante la aplicación rigurosa de estos principios [...] Las futuras verdades de la ciencia física se deberán buscar en la sexta cifra de los decimales». Que predecir el futuro es arriesgado quedaba claro cuando, en 1895, Wilhelm Röntgen descubría los rayos X y el año siguiente Henri Becquerel la radiactividad, dos fenómenos que nadie sabía cómo encajar en el aparentemente firme, sólido y cerrado edificio de la física conocida.

A Becquerel (1852-1908), es cierto, le corresponde el mérito del descubrimiento de la radiactividad, pero no fue él quien hizo más por hacer del nuevo fenómeno un activo campo de investigación en física, sino una joven polaca, Marii Sklodowska (1867-1934), que en noviembre de 1891 se había trasladado a París para estudiar en la Sorbona. Allí obtuvo, en 1893, la licenciatura en ciencias, siendo la primera de su promoción, y al año siguiente, la licenciatura en matemáticas. Aquel mismo año conoció a Pierre Curie (1859-1906), quien entonces ocupaba el modesto puesto de preparador de física en la Escuela Municipal de Física y Química Industriales de París. Se trataba de un centro educativo de nivel no demasiado elevado, lejos de las prestigiosas Écoles y, por supuesto, de la Sorbona. El 26 de julio de 1895, Marii contrajo matrimonio civil con Pierre. Se convirtió así en Marie Curie, el nombre por el que sería conocida universalmente.

 

La búsqueda de muestras de pechblenda

Casada y licenciada, Marie decidió doctorarse. Buscando un tema de tesis, en 1897 se fijó en el descubrimiento de la radiactividad, la capacidad del uranio de emitir radiaciones de forma aparentemente inagotable. Seguramente favoreció su interés la proximidad de su descubridor: Becquerel era catedrático del Museo de Historia Natural de París. «Mi atención», recordó Marie Curie en su autobiografía, «había sido atraída por los interesantes experimentos de Henri Becquerel con las sales del raro metal uranio [...] Mi marido y yo estábamos muy excitados por este nuevo fenómeno, y decidí emprender un estudio especial sobre él. Me parecía que lo primero que había que hacer era medir el fenómeno con precisión. Para ello decidí utilizar la propiedad de los rayos que les permitían descargar un electroscopio. Sin embargo, en lugar del electroscopio habitual, utilicé un aparato más perfecto». Se refería al electroscopio de cuarzo piezoeléctrico, un instrumento basado en el fenómeno de la piezoelectricidad (electricidad producida debido a presiones) e inventado en 1891 por Pierre y su hermano Jacques.

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